Los ángeles no quieren tocar el arpa
Era sábado. El invierno y el comienzo del fin de semana hicieron que el país amaneciera un poco más tarde de lo usual. Pero el 24 de junio del 2000, algunos argentinos se despertaron de golpe al encender los televisores y darse de frente con una noticia trágica: Rodrigo Bueno había muerto en un accidente de tránsito.
Lo lloraron las que morían de amor por sus ojazos azules y su cabellera de colores, las que lo seguían hasta las bailantas para escucharlo cantar, los cuarteteros de alma que reconocieron en él a un gran exponente del género, los que nunca habían escuchado cuarteto hasta que apareció él y no pudieron dejar de bailar al escuchar "Lo mejor del amor". Los adolescentes que aprendieron sus complicados pasos de baile para conquistar a una chica, las chicas de la alta sociedad que se animaron a lo "popular" y terminaron comprando sus discos y yendo al Luna Park, y hasta los seguidores de
Tenía 27 años y esa noche había ido a cantar a Escándalo, un boliche de City Bell, en
En el lugar del accidente, a la altura de Berazategui, en la autopista Buenos Aires-La Plata, sus fanáticos le hicieron un santuario, y peregrinan hasta ahí para llevarle flores, cartas y fotos todos los 24 de junio, desde aquel fatídico día del año 2000.
Su partida dejó un vacío en el pecho de todos los cordobeses y de los argentinos, si parece ayer cuando aparecía El Potro bailando… Sabemos que estarás en las estrellas, vagando por la vía láctea, los ángeles hoy bailan cuarteto, no quieren tocar el arpa. Fue lo mejor del cuarteto, lo que vivimos con Rodrigo.