El fuerte temporal que azota desde hace días al noreste de Brasil dejó más de 40 muertos y podría aumentar a centenares por la gran cantidad de desaparecidos
El gobernador de Alagoas, TeotonioVilelaFilho, elevó el número de desaparecidos hasta un millar. "Al inicio de la tarde [del lunes] había más de 1.000 desaparecidos. Rezamos para que estén con vida, pero estamos preocupados porque los cuerpos ya comienzan a aparecer en las playas y en los ríos", relató a la agencia Brasil. "Todos los ríos de Pernambuco fluyen hacia Alagoas. Los torrentes devastarán las ciudades".
Sólo en Alagoas, el estado más afectado, el número de fallecidos asciende a 29 y más de 80.000 personas han tenido que abandonar sus hogares.
El drama ha golpeado con especial dureza al municipio de União dos Palmares, al que corresponde la mayoría de los desaparecidos -medio millar- y también una parte importante de los desalojados.
Otras 12 personas han perdido la vida en Pernambuco, el vecino del norte de Alagoas. Allí son más de 40.000 quienes se han visto obligados a buscarrefugio o trasladarse a casas de amigos y familiares.
En total, más de 11.000 viviendas se han venido abajo por las lluvias y otras 7.500 han sufrido destrozos. También ha resultado gravemente dañada la red de transportes: en torno al 70% de las líneas férreas de la Transnordestina y unos 1.500 kilómetros de carreteras de Pernambuco han quedado inutilizados por el temporal.
Ante el desastre, el Gobierno de LuizInácio Lula da Silva anunció ayer que liberará recursos federales para ayudar a las víctimasy recuperar las zonas afectadas, como ya ocurrió tras el diluvio registrado a comienzos de abril en el estado de Río de Janeiro.
El propio presidente brasileño, en su entrevista semanal en la radio, prometió que trabajará para "intentar evitar un mal mayor" en el nordeste, una región que ya sufrió en 2009 las consecuencias de las inundaciones. En aquella ocasión murieron más de 40 personas y cientos de miles tuvieron que dejar sus casas.
Produce una inmensa tristeza pensar que la naturaleza habló, habla y seguirá hablando mientras el género humano no escucha y sigue provocando su destrucción, conciente o inconcientemente.
Por eso es que podemos aprender de cada triste llamado de atención que pone en marcha la naturaleza, porque una tragedia puede llegar a ser el mayor de nuestros bienes si nos la tomamos de una manera que nos permita crecer.