El viernes dictarán la Sentencia
Aunque persiste la sospecha de que se trató de un atentado por encargo y las pesquisas procuran establecer si existieron autores intelectuales, en el banquillo de los acusados está Sebastián Baltazar Eve, quien junto a su hermano Maximiliano (prófugo) fue imputado como presunto autor de tentativa de homicidio doblemente calificado.
Un vocero judicial recordó que el episodio ocurrió el 14 de abril de 2008, cuando Roganti se dirigió hacia la puerta de la casa que habita en esa ciudad -a 150 kilómetros al sudeste de la capital- y un individuo efectuó cinco disparos a quemarropa que, por milagro, no le ocasionaron la muerte.
Un efectivo policial que circunstancialmente pasó por el lugar observó al atacante abordando una camioneta Fiorino, estacionada en las inmediaciones con otra persona al volante, lo que luego permitió establecer que se trató de los hermanos Eve.
Sebastián Baltazar fue capturado poco después y, su hermano Maximiliano, quien habría conducido el vehículo, logró huir a España, donde posteriormente quedó detenido por su presunta participación en robos a joyerías y, actualmente, aguarda la resolución del pedido de extradición desde Argentina.
El tribunal, encabezado por el juez René Gandarillas, quien además de los magistrados técnicos está acompañado por un jurado popular de 12 miembros, decidió ayer pasar a cuarto intermedio hasta el viernes para escuchar los alegatos de la Fiscalía, la querella y la defensa y emitir luego veredicto.
Durante el juicio Roganti exigió nuevamente que se ubique a los autores intelectuales del ataque e insistió en su acusación contra el jefe del Sindicato Regional de Luz y Fuerza, Eduardo Brandolín, y su allegado Miguel Valente, a cuyo teléfono celular habrían llamado los Eve antes y después de la balacera.
Roganti, quien fue candidato a legislador provincial por el Frente Cívico y Social y es defendido por el senador nacional y líder de esa agrupación política, Luis Juez, sostuvo que sólo existirá "tranquilidad absoluta" cuando los autores intelectuales estén en el banquillo de los acusados.