Declaró la viuda de Walsh

04/06/2010
Nacionales - Juicios que Cambiarán el País
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Lilia Ferreira contó que el periodista siempre llevaba una pistola ya que estaba decidido a no entregarse con vida a los militares para no ser sometido a torturas

La viuda de Rodolfo Walsh, Lilia Ferreira, confirmó ayer que el escritor tenía la decisión de "no entregarse con vida” en caso de ser detenido para no ser sometido a las sesiones de tortura "sin límite de tiempo” que aplicaban los militares y había denunciado públicamente.

"No estaba dispuesto a caer en manos de gente que aplicaba métodos feroces que machacan la sustancia humana que ellos ya habían perdido”, dijo la mujer, al declarar en el juicio oral contra 18 represores de la ESMA.

Por ello, según la mujer, el periodista llevaba siempre una pequeña pistola alemana Walter calibre 22 que había comprado en los años sesenta cuando investigaba el tiroteo en que fue muerto el dirigente metalúrgico Rosendo García y que extrajo de sus ropas cuando una patrulla quiso detenerlo en la calle del barrio porteño de San Cristóbal el 25 de marzo de 1971.

El asesinato de Walsh, abatido por una ráfaga de ametralladora y cuyo cuerpo fue conducido luego a ese centro de detención ilegal, es uno de los delitos que se ventilan en este juicio junto a la desaparición del grupo fundador de las Madres de Plaza de Mayo y las monjas francesas Alice Domon y Leonie Duquet.

En la audiencia, también testimonió ayer el abogado francés Francois Cheron, quien reveló los contactos que mantuvo con el jefe de la Armada, Eduardo Massera, cuando viajó a la Argentina en 1979 por encargo del presidente Valery Giscard d'Estaing por ese caso.

"Massera se había comprometido con el presidente de Francia a explicar ese tema, pero en una de las cuatro reuniones que tuvimos me dijo que no se podían identificar a los irregulares abatidos y aseguró que su fuerza no tenía nada que ver”, relató.

Sin embargo, el abogado declaró, en un correcto castellano, que en una cena con los marinos Antonio Pernias y Jorge Radice, ahora enjuiciados, estos aludieron risueñamente a "las monjas voladoras.

"Yo no podía entender de que me hablaban y al principio pensé que las religiosas tomaban clase de vuelo, pero ello dijeron enseguida que era un chiste”, contó Cheron, aludiendo a que aún se ignoraba que muchos de los desaparecidos habían sido arrojados vivos al mar desde aviones, entre ellos las dos monjas de la Iglesia de la Santa Cruz.