Disminuyo el número de los casos de dengue
A diferencia de la temporada anterior, en la que hubo más de 26.000 enfermos y se produjo la muerte de 5 personas, los casos registrados hasta fines de abril fueron 923. Esta drástica caída fue el resultado del trabajo conjunto entre
En 2009 Argentina sufrió la epidemia de dengue más grande de la historia sanitaria nacional. Y el resultado fue preocupante: 5 muertos y más de 26.000 personas que padecieron la enfermedad entre enero y mayo de ese año.
Pero la situación cambió y en abril de 2010 los números presentaron una realidad diametralmente opuesta a la vivida durante la temporada anterior.
Con menos de un millar de personas afectadas en los primeros cuatro meses del año, el Plan Nacional de Prevención y Control del Dengue y
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Asimismo, el titular de la cartera sanitaria afirmó que “todos sabemos que en salud la improvisación es mala consejera. Por eso planificamos y acordamos acciones desde el nivel central pero con ejecución en el territorio”.
Manzur relacionó la baja de la incidencia del dengue en el país “con la existencia de una ciudadanía movilizada, comprometida y activa”, además de destacar “la acción de los colegas que transpiraron la camiseta de la salud pública al extremo de buscar pacientes febriles casa por casa”.
El funcionario agregó que “las cifras hablan por sí solas: comparando 2009 con 2010, la reducción en la cantidad de casos de dengue fue del 96 %”.
Por su parte, Gabriel Yedlin, quien como subsecretario de Prevención y Control de Riesgos del Ministerio de Salud de
“Este plan se pudo implementar en cada una de las jurisdicciones gracias al apoyo permanente de los ministros provinciales y de sus gobiernos”, continuó, para luego destacar que “el éxito se debe, por un lado, a un Gobierno Nacional y un Estado atentos y garantes, y por otro a una población comprometida, responsable y orientada por el mismo plan”.
El director de Enfermedades Transmisibles por Vectores de la cartera sanitaria, Sergio Sosa Estani, aseguró que “de las enseñanzas que obtuvimos esta última temporada para atender la problemática del dengue debemos destacar la capacidad de respuesta y la conformación de equipos que se generó en las 16 provincias endémicas” del país.
“En el desarrollo de esas capacidades, el Ministerio nacional acompañó a cada una de las jurisdicciones en procesos estratégicos y logísticos”, agregó antes de destacar la creación de
“Todo esto permitió que se realizaran diversas acciones, como la vigilancia y el control vectorial, el diagnóstico de la población infectada, la atención de pacientes y la comunicación social, que generó un cambio positivo en la población en materia de prevención”, concluyó Sosa Estani.
El año pasado, Catamarca y Chaco fueron las provincias más afectadas. Sin embargo, con mayor o menor incidencia, todas las jurisdicciones del país tuvieron enfermos de dengue, no sólo las provincias endémicas sufrieron la presencia de la enfermedad.
De acuerdo con los registros epidemiológicos, en abril se produjo la mayor diseminación de la enfermedad, mientras que el pico máximo de casos reportados a nivel nacional se dio hacia fines del mismo mes, momento en el que más de 4.000 personas se contagiaron en tan solo una semana, llegando a un acumulado anual de 26.644( ) notificaciones en todo el territorio argentino.
En ese contexto, en julio del año pasado asumió al frente del Ministerio de Salud de
El 7 de agosto, en el ámbito de una reunión que Manzur mantuvo con sus colegas de todas las provincias en el marco del Consejo Federal de Salud (COFESA), donde estuvo presente el jefe de Gabinete de Ministros de
El objetivo de esta estrategia fue prevenir y combatir el dengue y mejorar el control de la ocurrencia de fiebre amarilla, ya que ambas afecciones son trasmitidas por el mismo vector, el mosquito Aedes aegypti.
La alianza estratégica para hacerle frente a estas enfermedades contempló la asistencia técnica y financiera de la cartera sanitaria nacional para la promoción de actividades de descacharrado, la capacitación de equipos sanitarios, la compra de insecticidas, la abatización –colocación de larvicidas en recipientes en los que se acumula agua potable– y la puesta en marcha de una campaña de comunicación y movilización social acompañada de un programa de educación comunitaria tanto para áreas de riesgo de dengue y zonas fronterizas como para el resto del país.