Declarará la hija de una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo
La hija de Esther Ballestrino de Careaga, una de las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, secuestrada por un grupo de tareas de la Armada y arrojada en los "vuelos de la muerte", declarará hoy en el juicio por la causa Esma.
El testimonio de Ana María Careaga -ex detenida desaparecida- será recibido hoy a las 10 por Tribunal Oral Federal 5 integrado por los jueces Ricardo Farías, Daniel Obligado, y Oscar Hergott.
Los acusados son, entre otros, Jorge "Tigre" Acosta, Alfredo Astiz y Ricardo Cavallo, y entre las acusaciones que les pesan figuran las desapariciones de las monjas francesas Leónie Duquet y Alice Domon, el periodista Rodolfo Walsh y las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, Ballestrino de Careaga y Ana María Ponce de Bianco.
Careaga buscaba a sus dos yernos, Manuel Carlos Cuevas y Ives Domergue y a su hija Ana María, secuestrada el 13 de junio de 1977 con tres meses de embarazo, en el centro clandestino de detención "Club Atlético".
Tras la liberación de Ana María, en octubre de 1977, Ballestrino y sus tres hijas se refugiaron en Brasil y luego en Suecia, pero pronto regresó al país para encolumnarse junto a las Madres en la búsqueda de los seres queridos desoyendo los consejos de quienes veían peligroso quedarse, con el argumento "no, voy a seguir hasta que aparezcan todos".
El 8 de diciembre de 1977 fue secuestrada junto a familiares de desaparecidos por un grupo de tareas encabezado por Astiz, en la puerta de la iglesia Santa Cruz, del barrio porteño de San Cristóbal.
Fue llevada directamente al centro clandestino de detención que operó en la ESMA, donde fue recluída en el sector denominado Capucha y torturada durante aproximadamente 10 días, según el relato de sobrevivientes.
Junto a un grupo de víctimas, fue trasladada al aeropuerto militar de Aeroparque y subida a un avión de la Marina para ser arrojada viva al mar en los conocidos "vuelos de la muerte", a la altura de los balnearios de Santa Teresita y Mar del Tuyú.
En 2003, al conocerse la existencia de tumbas NN en el cementerio de General Lavalle, la justicia ordenó la identificación de los restos y tras el intenso trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, se pudo establecer que uno de los cuerpos pertenecía a Ballestrino.
El 24 de julio de 2005, 28 años después de haber sido asesinada, Esther Ballestrino fue enterrada en el jardín de la Iglesia Santa Cruz junto a su compañera Ponce de Bianco.