Relatan el crímen del militante que desvió un avión a las Malvinas

19/04/2010
Nacionales - Juicios que Cambiarán el País
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Cabo secuestró un avión y lo desvió hasta las Islas para reivindicar la soberanía nacional sobre ese territorio. Posteriormente, fue detenido y asesinado, aunque las autoridades penitenciarias manifestaron que el hecho había ocurrido en un enfrentamiento

La justicia federal de La Plata retomó ayer la lectura de las torturas y crímenes que se imputan a 14 agentes penitenciarios de la unidad 9 de La Plata durante la última dictadura, entre ellos el crimen del militante que en 1966 desvió un avión a las Islas Malvinas. 

Se trata de Dardo Cabo, hijo del líder sindical Armando Cabo, quien militó en el movimiento Tacuara y luego en el peronismo y en 1966 secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas y lo desvió con otros militantes hasta las Islas Malvinas, a fin de reivindicar la soberanía nacional sobre ese territorio.

Cabo estuvo detenido en la Unidad 9 de La Plata y en enero de 1977 fue sacado del penal, junto al detenido Rufino Pirles con el argumento de que iban a ser derivados al penal de Sierra Chica, traslado que no había sido comunicado a la familia.

En el trayecto, Cabo y Pirles fueron acribillados y sobre ese hecho las autoridades penitenciarias manifestaron que había ocurrido un enfrentamiento entre la custodia y los presos.

Esto fue relatado ayer al leerse la requisitoria fiscal en la tercer audiencia del juicio que el Tribunal Oral Federal 1 de La Plata sigue al ex jefe del penal durante la dictadura, Abel Dupuy, otros 10 agentes y tres médicos penitenciarios.

Además de Dupuy se juzga a Isabelino Vega, Víctor Ríos, Elvio Cosso, Catalino Morel, Ramón Manchado Fernández, Jorge Luis Peratta, Segundo Andrés Basualdo, Valentín Romero, Héctor Acuña, Raúl Aníbal Rebaynera.

También están imputados Carlos Domingo Jurio, Enrique Leandro Corsi y Luis Domingo Favole, tres médicos que en ese momento se desempeñaban en la Unidad 9.

El de Cabo y Pirles son dos de los homicidios que se imputan a los 11 agentes penitenciarios, junto con los crímenes de Horacio Rapaport, Juan Carlos Deghi, Angel Georgiavis.

Según la requisitoria fiscal, era una modalidad típica de este penal, simular que dejaban en libertad a detenidos, "sin comunicárselo a los familiares, para facilitar su homicidio o desaparición" y en el caso de los crímenes, "fraguar que se trató de un enfrentamiento armados".

Durante la lectura de la requisitorio fiscal, también se aludieron a los homicidios de Rapaport y Gerogiavis, asesinados en el Regimiento 7, a donde fueron trasladados para ser "interrogados".

Por estos casos, las autoridades del penal informaron a los familiares y dejaron asentado que ambos detenidos se habían quitado la vida autolesionándose, aunque al ver el cuerpo de Gerogiavis los familiares constataron que "estaba degollado con un sable bayoneta".

El quinto crimen que se les imputa es el de Juan Carlos Deghi, asesinado el 20 de marzo de 1978, cuando fue puesto en libertad y salió del penal número 9 junto a su esposa Elisa Falchi.

En esa oportunidad, a la mujer le informaron que su esposo sería liberado por lo que ella se presentó a las 16 para esperarlo, pero hasta las 23 Deghi no salió del penal.

En ese interín, la mujer se acercó a los guardias para preguntar cuándo liberarían a su esposo y éstos, con sorna, le preguntaban "ah, usted es la viuda de Deghi?", lo que según la fiscalía, revela que todo el personal sabía que lo iban a ajusticiar.

También se leyeron ayer los dos casos de tormentos seguido de muerte infligidos a Alberto Pinto y Marcos Ibáñez, que se imputan a los detenidos.

En el caso de Pinto, el 15 de noviembre de 1978 fue víctima de una golpiza propinada por personal de la unidad 9 y luego alojado en una celda de castigo hasta que fue derivado al Instituto de Tórax donde falleció el 5 de marzo de 1979 como consecuencia de los tormentos sufridos.

Marcos Ibáñez fue torturado en una celda del pabellón de aislamiento del 24 de julio de 1977 y falleció el 10 de septiembre de 1977 en el hospital intramuros del penal de Olmos, informándose oficialmente que el detenido se había suicidado con una camisa.

Varios presos testimoniaron que una vez que eran trasladados a la celda de aislamiento se los desnudaba por lo que nunca pudo Ibáñez haberse ahorcado con una camisa, elemento que tampoco fue hallado en el lugar.