Cambalache

12/04/2010
Nacionales - Sociedad
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El asesino de María Soledad Morales salió en libertad condicional catorce años después del brutal crimen

Catorce años después de haber ingresado a la cárcel, Guillermo Luque dijo ayer que fue "un inocente preso", minutos después de haber sido notificado por la Justicia de Catamarca que comenzaba a gozar de la libertad condicional al cumplirse parte de la condena por el asesinato de María Soledad Morales.

"Fui un inocente preso en Catamarca, en la conferencia de prensa voy a hablar", señaló Luque, anticipando que luego se explayará ante los medios. Ante la consulta de una periodista acerca de si buscará contactarse con la familia Morales, el ahora ex convicto sólo respondió "¿Por qué?", según publica el diario El Ancasti.

La jueza Alejandra Cabanillas lo autorizó ayer a ser beneficiado con la libertad condicional, al haber cumplido anteayer con los dos tercios de la condena a 21 años de prisión, que se le impuso en 1998.

María Soledad Morales fue brutalmente violada y asesinada a los 17 años. Su cuerpo fue abandonado en un descampado, en setiembre de 1990 y el caso tuvo importantes consecuencias políticas para la provincia.

Los periodistas ya sospechaban el fin de semana que Guillermo Luque, el asesino de María Soledad Morales, cuando abandonara la cárcel de San Fernando del Valle de Catamarca, lo haría “camuflado” para evitar todo contacto con la prensa. Y así fue. Al promediar la mañana, los cronistas locales y varios que arribaron de Buenos Aires, se enteraron “oficialmente” de que habían sido burlados y hacía al menos dos horas que Luque se había retirado del penal.

El plan de “fuga” para evitar la exposición mediática consistió en la utilización de dos vetustos automóviles que no llamaran la atención, desistiendo de los vehículos modernos y los vidrios polarizados que siempre utilizó, no sólo Guillermo, sino su padre Ángel Luque y el ex gobernador Ramón Saadi.

A las 7.20 salió de la cárcel un destartalado Renault 12 y a las 7.45 lo hizo un Ford Falcon. Mario Quiroga, uno de los reporteros gráficos apostados en el lugar desde poco después de las 6 admitió que nadie “pudo fotografiarlo, en realidad ni verlo. Creo que iba en el piso del R-12 que se fue primero”.

Dos tercios de una condena de 21 años por un brutal asesinato que terminó desenmascarando la impunidad del poder político catamarqueño que no pudo esconderse ante la repercusión nacional, parecen irrisorios.

La vida, se sabe, en estos tiempos vale poco. Pero que el siglo veinte es un despliegue de maldá insolente, ya no hay quien lo niegue. Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseados.

 

Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio o chorro, generoso o estafador...

 

No pienses más; sentate a un lao, que ha nadie importa si naciste honrao...

 

Es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura, o está fuera de la ley...