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Según medios de prensa locales, el avión presidencial despegó del aeropuerto militar de Manas, cerca de la capital, con destino desconocido. Por la noche no quedaba en claro el paradero de Bakiyev: algunos especulaban con una posible presencia en la vecina Kazajstán, aunque más tarde se dijo que había aterrizado en la ciudad de Osh, su bastión en el sur del país.
En tanto, el nuevo gobierno liderado por la ex ministra de Relaciones Exteriores Rosa Otunbayeva, de 59 años, anunció haber tomado el poder en el país. La jefa de la fracción de los socialdemócratas en el Parlamento se había puesto ayer temporalmente a resguardo para evitar su detención, según indicó una portavoz suya.
Otunbayeva ya fue hace unos cinco años una de las líderes de
Más temprano, la policía reprimió con dureza a manifestantes que buscaban irrumpir en el palacio presidencial y otros edificios gubernamentales. Los opositores ganaron el control de varias ciudades del norte del país, incluyendo los centros regionales de Talas y Naryn. Tras tomar el control de la televisión nacional, la oposición habló de unos 100 manifestantes muertos, mientras que el Ministerio de Salud mencionó 40 muertos y más de 400 heridos.
Entre los muertos se encontraría, al parecer, el ministro del Interior de Kirguistán, Moldomussa Kongantiyev, según informaciones difundidas por activistas de los derechos humanos. Según reporta la agencia rusa Interfax, Kongantiyev falleció cuando lo llevaban a un hospital en la ciudad de Talas, en el norte del país.
Las protestas comenzaron ayer por la tarde. A lo largo del día, varios líderes de la oposición fueron liberados de la custodia policial para negociar con el gobierno. Manifestantes furiosos habían saqueado e incendiado previamente la casa de Bakiyev. Previamente, el gobierno del primer ministro Daniyar Ussenov había presentado su dimisión.
Numerosos líderes mundiales llamaron a la calma en el país, entre ellos el secretario general de
Si bien Estados Unidos se quejó durante mucho tiempo por presuntas violaciones de los derechos humanos, la intimidación y la corrupción en el país, previamente el portavoz del Departamento de Estado, PJ Crowley, había llamado a la calma desde Washington. "Nos identificamos con las preocupaciones de la gente de Kirguistán acerca de su futuro", dijo Crowley. "Pero estas preocupaciones deberían ser objeto de un diálogo pacífico, no de una manifestación violenta".
Por su parte, el jefe de gobierno ruso, Vladimir Putin, rechazó categóricamente cualquier culpa de Moscú en el baño de sangre en la ex república soviética de Kirguistán, informó la agencia de noticias Interfax. "Ni Rusia ni funcionarios rusos están en relación con estos acontecimientos", dijo Putin. Kirguistán había acusado a los poderosos medios estatales rusos, de gran influencia en el país, de ser responsables de la escalada de la violencia.
Según dijo Putin tras los sangrientos enfrentamientos en Kirguistán, Bakiyev se permitió "los mismos pasos en falso" que su antecesor, Askar Akayev, quien renunció hace cinco años tras un escándalo por fraude electoral en el marco de
Por su parte, el presidente ruso, Dmitri Medvedev, dijo en Praga según su portavoz que "Kirguistán fue y seguirá siendo un socio estratégico de Rusia". Además, opinó que el hecho de que las protestas hayan tomado una magnitud tan violenta demuestra de cuán grande es la desilusión la población.
“Y sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”. Che Guevara