Un Buen Signo
Según Montesquieu, cuando el poder legislativo y el poder ejecutivo se reúnen en la misma persona o el mismo cuerpo no hay libertad; falta la confianza, porque puede temerse que el monarca o el Senado, hagan leyes tiránicas y las ejecuten ellos mismos.
No hay libertad si el poder no está bien deslindado del poder legislativo y del poder ejecutivo. Si no está separado del poder legislativo, se podría disponer arbitrariamente de la libertad y la vida de los ciudadanos; como el juez podría tener la fuerza de un opresor.
Haciendo un balance de las leyes aprobadas en la Unicameral durante los años 2008 y 2009, hasta el miércoles pasado, justo en al mitad de la gestión del gobierno de Juan Schiaretti, sorprende la baja injerencia del Ejecutivo sobre el parlamento cordobés en cuanto se refiere a la sación de leyes ya que los parlamentarios casi lo duplican en cantidad, algo poco usual en los parlamentos de hoy.
Si bien, de las 278 leyes aprobadas durante los dos últimos años, doscientas veintidós pertenecen al Poder Ejecutivo y cincuenta y seis tuvieron origen parlamentario, el gobierno de Schiaretti envió en realidad treinta cuatro proyectos que tuvieron destino de ley en los que actuó como si fuera un legislador.
Sucede que entre las doscientas veinte leyes que tuvieron origen en la Casa de las Tejas, ciento ochenta y ocho necesariamente debieron ser iniciadas de esta forma ya que el ejecutivo era el único con la potestad para hacerlo de acuerdo a lo que estipula la ley y a los temas que se abordaron.
Se trata de los Radios Municipales, una deuda histórica de la provincia de Córdoba para delimitar el territorio de las distintas jurisdicciones -municipios y comunas-; los Pliegos enviados para la designación de magistrados del Poder Judicial; los Convenios, con estados o privados; las Expropiaciones generalmente para la ejecución de Obra Pública; Adhesiones a leyes nacionales y Actas Acuerdos.
Por lo tanto si le restamos estas ciento ochenta y ocho leyes del total de las doscientas veintidós enviadas por el Ejecutivo, en realidad se aprobaron treinta y cuatro leyes que bien podrían haber tenido origen legislativo y que el Ejecutivo decidió por necesidad, urgencia, conveniencia o convicción ser el autor.
En tanto de las cincuenta y seis leyes aprobadas iniciativa de los legisladores, 18 pertenecen al bloque oficialista Unión por Córdoba-Frente para la Victoria; 12 a la Unión Cívica Radical; 6 al Frente Cívico y Social; 3 a la unión Vecinal Federal; 1 al ARI; 2 al Movimiento Patriótico; 3 al Vecinalísimo Independiente y 11 leyes fueron aprobadas en conjunto entre los distintos bloques que componen la Unicameral.
A pesar del circulo vicioso en el que el oficialismo -este o cualquiera- es reacio a aprobar leyes de autoria de los bloques de la oposición por esa absurda y vieja enquistada tradición política de no ceder terreno para no pagar “costos políticos” al haber perdido la iniciativa y la oposición –esta o cualquiera- a su vez persigue incansablemente que sus leyes sean sancionadas para alcanzar el mismo fin absurdo, esta legislatura comienza a dar otro tipo de signos.
De las 56 leyes que fueron iniciadas por los legisladores, treinta y ocho pertenecen a la oposición en donde sólo cinco bloques de un total de trece que la componen, no pudieron conseguir la sanción de una ley de su autoría. Se trata de la Concertación Plural, el Movimiento de Acción Vecinal, Recrear y la Izquierda Socialista.
No es un dato menor que las leyes que rigen los destinos de los cordobeses hayan empezado a discutirse de una vez por todas entre los partidos políticos que componen la Unicameral en lugar de ser impuestas por el ejecutivo.
La revolución francesa significo el rompimiento de una época en el que el absolutismo del poder de los monarcas les permitía reunir en sus manos todas las actividades del Estado, al extremo de afirmarse que el gobernante se identificaba con el Estado, como la atestiguaba la celebre frase del monarca francés Luis XIV: “El Estado soy yo”.
Montesquieu, llegó a la conclusión de que la mejor forma de organizar el estado era la separación de los poderes que lo componen luego de hacer un amplio análisis de los distintos sistemas de gobierno que pudo observar en su recorrido por el mundo, determinando que las leyes de cada país no son producto caprichoso de la voluntad del legislador, sino que estas deben ser el resultado de la naturaleza de las cosas, en orden a distintos factores geográficos, climatológicos sicológicos, y raciales.
Está claro que no tenemos lo mejor, pero tampoco lo peor y en todo caso, los cordobeses transitamos por el camino de la exigencia de querer tener y necesitar un poder legislativo auténticamente independiente, con mayor calidad en sus contenidos que se traduzcan inmediatamente y de una vez por todas en una mejor calidad de vida para sus representados.
Para llegar a eso, hace falta la transición y la estamos transitando, al menos con algunos signos positivos. El resultado final de este proceso dependerá de lo que hagan tanto nuestros representantes como nosotros para terminar de conformar un poder, denostado por inumerables dictaduras militares, cuyo sinónimo es su destino final: democracia.