Correr el Manto
Luciano Benjamín Menéndez y otros tres acusados fueron sentenciados por unanimidad a prisión perpetua en el segundo juicio por la represión en Córdoba, en el que fue absuelto el ex policía Calixto Flores.
Además del ex jefe del Tercer Cuerpo de Ejército, fueron condenados a perpetua Campos, César Armando Cejas y Hugo Cayetano Britos, vinculados todos ellos al secuestro, tortura y asesinato del subcomisario Ricardo Fermín Albareda en 1979; mientras que Menéndez también fue inculpado por los secuestros y tormentos sufridos por otras nueve personas entre 1976 y 1977.
Miguel Ángel "el Gato" Gómez, ex cabo del Departamento de Informaciones (D2) de la Policía, fue sentenciado a 16 años de prisión por los secuestros y torturas de esas nueve personas. El Fiscal Federal Carlos Gonella había solicitado 23 años de prisión mientras que la querellante María Elba Martínez había pedido 24 años.
Pero, el segundo juicio contra Menéndez en Córdoba y contra integrantes de la D2 sacó otro manto que cubría la injusticia, el horror y el genocidio del Estado Argentino.
Por primera vez quedaron en evidencia las vinculaciones y las participación de la iglesia con Primatesta a la cabeza, del sector político con Angeloz y Aguad como representantes centrales uno en plena dictadura y el otro en democracia, al menos.
También la justicia federal y provincial, la policía de Córdoba y la complicidad de las empresas privadas que se instalaron con el regreso de la democracia como Telecom que creó una unidad de inteligencia con la llamada “mano de obra desocupada”.
Efectivamente fue un golpe cívico militar donde la mayoría de los argentinos que vislumbraron los objetivos planeados y planificados por Estados Unidos en lo que luego se conoció como el Plan Cóndor, fueron borrados de la faz de la tierra por la fuerza exterminadora de quienes sirvieron como tristes siervos e instrumentos para ejecutar el plan, instalando la pobreza planificada como método, la muerte como acción y el terrorismo como autoridad.
Las consecuencias todavía están latentes, aquellos asesinos hoy están siendo juzgados y seguramente faltan muchos más, pero el segundo juicio contra Menéndez permitió sacar un manto del que muchos hablaban; los militares no lo hicieron solos y necesitaron la complicidad de muchos sectores que hoy se calzan el traje de la democracia para intentar conducir nuestro destino.
Afortunadamente quedaron ya en descubierto y el único destino que podrán encabezar será el de explicar, como pudieron darle la espalda a tantos argentinos que creyeron y pensaron en un país mejor. El manto fue sacado y la hora les está por llegar.