Hay Calma, radicales
Pasaron muchos meses desde que comenzaron los conflictos en el bloque del radicalismo en la Unicameral cuando el legislador Rodrigo De Loredo, encabezando lo que más tarde se conocería como el grupo de los seis, intentó desbancar a quien era su presidente de bancada, Luis Brouwer de Koning, quien a su vez quedó referenciado en el grupo de los cinco.
Once legisladores se disputaron ese espacio de poder en un enfrentamiento que duró nueve meses en cuyo transcurso hubo peleas, escándalos mediáticos y políticos que parecieron por momentos llegar a enfrentar a sus integrantes en términos personales.
Así de mal llegaron a estar las cosas. Y así volvieron a reunirse todos, compelidos por la obligación de designar a sus autoridades dando cumplimiento a las reglas de la Unicameral.
Fue una reunión áspera desde su inicio y cuando el denominado grupo de los seis impuso al de los cinco, a manera de propuesta, el nombre de quienes debían ser las nuevas autoridades, se desató la primera de varias discusiones que tuvieron siempre como protagonistas a un legislador de cada bando: Orlando Arduh por el grupo de los cinco y De Loredo por el otro.
Era el primer diálogo después de meses y se estaban acusando y responsabilizando por el escándalo y los daños que esta pelea le produjo al intendente de Córdoba, Ramón Mestre, y al propio partido. Las discusiones fueron sumando voces y el clima poniéndose cada vez más tenso.
Cuando todo parecía que el consenso era una quimera, ante la crítica de uno de sus pares Ardhú respondió con vehemencia y en altos decibeles diciendo: “Yo no miento”. Y guardó silencio.
Todos se buscaron entre sí con sus miradas y los rostros comenzaron a evidenciar un mismo pensamiento: estaban ante una inminente ruptura de bloque.
Tras una breve pausa, que pareció durar mucho más, el legislador cercano al conductor del Palacio 6 de Julio, agregó a esa enfática frase: “Está bien, solo oculto la verdad”. Este fue el principio de la distención y el acuerdo.
Yuni fue el hombre que representó el mal menor para ambos sectores. Luego discutieron el nombre del resto de las autoridades y con la firma del presidente del partido, Alberto Giménez, se puso fin a una larga pelea.
Todo esto sucedió minutos antes de llegar a la última sesión del año de la Unicameral de Córdoba y, por primera vez después de mucho tiempo, los representantes del centenario partido lograron calma. Una calma que pudo reunir en un abrazo espontáneo a los dos legisladores que mantuvieron en toda clase de términos una pelea que llegó a involucrar a todos los miembros de la cámara legislativa.
El abrazo que tradujo esa calma llevó tranquilidad al recinto y a sus correligionarios que, desde afuera, no pudieron entender aunque buscaron decenas de razones posibles para intentar racionalizar todo lo que había sucedido.
Sin dudas que todo fue un episodio cuyas causas fueron estrictamente políticas y que, en esos términos, por ahora llegaron a un puerto sin tormentas. Pero no es menos cierto que la armonía será pasajera.
De todas formas, la foto entre los dos máximos contrincantes de esta historia en las proximidades del recinto, evidencia que, aunque sea pasajera, para terminar y empezar el próximo año, para los radicales, hay calma.