Tortura, Muerte y Mundial 78
Con la última víctima que declaró en este juicio no solo quedó demostrado que existió una máquina genocida en la Argentina que se preocupó por extinguir a cada persona que pretendiera cambiar el curso del orden existente sino que dejó en evidencia como este aparato asesino orquestado desde el estado, utilizó el mundial de fútbol de 1978 para simular un orden inexistente.
Juan José López, actor de estirpe de nuestra provincia, detalló lo que pasaba en los oscuros días de la dictadura militar en el mismo momento que el torneo mundial de fútbol se desarrollaba en nuestro país durante la última audiencia del juicio contra Luciano Benjamín Menéndez e integrantes de la D2 (Dirección de Inteligencia de la Policía de Córdoba).
“Nosotros jugábamos nuestro propio mundial” relató López luego de contar que debido a las búsquedas que había emprendido La Cruz Roja Internacional en Córdoba a raíz de las denuncias de los detenidos en la UP1 (Penitenciaria San Martín) los guardias los amenazaban constantemente con matarlos si eran descubiertos mientras eran trasladados de un lado hacia otro para no ser descubiertos.
“Nos decían que si llegaba a pasar algo íbamos a ver las margaritas de abajo por lo que cuando terminó sentimos un cierto alivio” dijo y agregó exclamando que “es que en esa condición de desaparecido, en la que no éramos nada, lo que queríamos era estar preso porque era un garantía de vida” relató el actor al Tribunal Federal 1.
López que era profesor de filosofía, estudiaba actuación y era militante del “partido comunista leninista marxista” fue detenido en abril de 1978 y peregrinó por los centros clandestinos de detención y extermino D2 ubicada en la calle Mariano Moreno, La Perla Grande, La Perla Chica o “la Escuelita” y “el Chalet de Hidráulica” durante siete meses.
Al responder acerca de cómo le había afectado su vida haber pasado por todo esto dijo quebrado hasta las lágrimas que “es inevitable que uno pueda dimensionar de este aparato que se montó para matar quizás a lo mejor de una generación (…) “es impensable que uno pueda atravesar todo esto sin tener una secuela del terrorismo de estado”.
López que fue torturado en numerosas ocasiones en los centros clandestinos donde pasó verdaderas horas de terror golpeado y picaneado hasta quedar desvanecido con mucha fiebre y muy mal físicamente durante las primeras horas de tortura en la D2, por lo que debió ser trasladado hasta el hospital militar para recibir tratamiento médico para luego volver nuevamente al horror, pero este no es el peor de sus recuerdos.
“Tengo grabado en mi memoria, la exaltación de quienes nos torturaban, de cómo disfrutaban” dijo.
En referencia a la planificación de este “aparato”, López recordó con un llanto incontenible, como los militares utilizando entre otras cosas, las ropas de las personas desaparecidas, ejercían una tortura psicológica tan o más dura como la física.
“Tampoco puedo olvidar, cuando me dejan ir a bañarme por primera vez, hasta eso tenían planificado, estando en las duchas me doy vuelta y veo dos canastos de ropas de todo tipo que pertenecían a los desaparecidos, a los que ya no estaban” dijo.
Y finalizó diciendo: “El primer ser humano que tengo que no es un torturador o un militar es quien me había delatado (Santiago Lucero) y me lo ponen al frente mientras observaban mi compartimiento detrás de los vidrios. Si esto no es siniestro, el horror deja huellas, pido justicia nada mas”.
El viaje en baúl
López fue trasladado de la Perla al “Chalet de Hidráulica” en el baúl de un auto donde pensó que iba a ser asesinado y tirado a un pozo por lo que el trayecto hasta este centro de exterminio significó una de las peores experiencias que atravesó durante estos años.
“El viaje en el baúl al chalet fue una de las cosas más horrendas de mi vida porque pensé que me iban a matar y a meter adentro de un pozo. Hice una recapitulación de toda mi vida y me aferré a cosas maravillosas que me habían pasado” dijo.
Luego el actor, relató como los policías lo bajaron del auto y cargaron sus armas simulando que lo iba a asesinar mientras se decían unos a otros “pará que hay pescadores”.
Tras esta simulación lo dejaron en el garaje de la casa ubicada en las cercanías del lago San Roque donde pudo reconocer por la voz a su compañero de la facultad Daniel López que al igual que él se encontraba muy nervioso.
“No sabíamos porque estábamos allí pensamos que era el final de nuestras vidas” dijo López.