Vergez se negó a declarar al inicio de juicio en su contra

21/09/2012
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Se trata del represor del represor del Batallón de Inteligencia 601 del Ejército en la última dictadura cívico militar. El juicio comenzó ante el Tribunal Federal 5 en los tribunales federales de Retiro

El represor ex capitán del Ejército, Héctor Vergez, se negó a prestar declaración indagatoria hoy al inicio de un juicio oral en su contra por secuestros y desapariciones durante la última dictadura cívico militar, entre ellas la del abogado Julio Gallego Soto.

"Perico, me decían cuando era chico", fue el único apodo admitido por Vergez cuando el presidente del Tribunal Oral Federal 5, Ángel Nardiello, le preguntó sus datos personales luego de haber escuchado la lectura de las acusaciones en su contra hechas por la fiscalía y los querellantes, familiares de las víctimas, una sobreviviente, y la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación.

El represor, de 69 años, guardó silencio como lo había hecho ya durante la investigación del caso, ya que nunca aceptó prestar declaración indagatoria, y sólo habló para pedir que se leyera más alto y lento en la audiencia, a la que llegó desde el penal de Marcos Paz, donde cumple condenas anteriores. "No lo entiendo" le dijo a un secretario que leía.

El autor del libro "Yo fui Vargas", apodo con que según la acusación se lo conocía en el Batallón 601 del Ejército, está acusado por el secuestro y desaparición del abogado Julio Gallego Soto, del entonces funcionario de rango medio del Ministerio de Economía, Julio Casariego de Bell, y del responsable del aparto de inteligencia del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Javier Coccoz.

Además se lo acusa del secuestro de la esposa de éste último, Cristina Zamponi, quien se fue a Europa con el hijo de tres años de ambos y ahora es querellante en la causa.

Todos los hechos ocurrieron en 1977 con diferencia de días, tras la detención ilegal de Coccoz, quien según los requerimientos de elevación a juicio leídos, fue torturado por Vergez hasta que pactó la salida del país de su esposa, también militante del ERP y su hijo a Europa.

Coccoz, alias "Pancho", fue secuestrado el 11 de mayo de 1977 y poco después su esposa recibió la visita de Vergez, quien la hizo hablar con su marido y le comunicó el trato.

La mujer pasó un mes encerrada en la casa de sus padres de la localidad bonaerense de Florida, controlada por Inteligencia del Ejército, hasta que un día apareció el acusado con pasaportes para ella y su hijo y en persona la llevó al aeropuerto internacional de Ezeiza donde embarcó rumbo a Francia.

Paralelamente comenzaron los secuestros de las demás víctimas, entre ellas Gallego Soto el 4 de julio de 1977 cuando salía del estacionamiento lindero a su vivienda y fue interceptado por un grupo de hombres de civil que se identificó como perteneciente a la Policía Federal y se lo llevó delante de su secretario personal, quien alertó a la familia.

Horas más tarde y cuando su hijo Víctor Gallego Soto lo buscaba y esperaba en el Departamento Central de Policía, un hombre llamó a su casa y le dijo a la esposa que estaba secuestrado y que fueran al baño de hombres del bar "La Paz" a buscar algo.

Al abrir la ronda de testigos, el hijo de Gallego Soto -impulsor de la denuncia contra Vergez- fue a La Paz y encontró el registro de conducir de su padre detrás del espejo del baño, en un simulacro de secuestro donde se dejaron diversas pistas hasta que no hubo más noticias de la víctima.

Algo similar ocurrió poco antes con Casariego De Bel el 15 de junio del mismo año, un funcionario de carrera primero en la DGI y luego en Economía, que había sido nombrado Director General de Inversiones Extranjeras.

"No tengo certeza respecto de la conducta de Vergez contra mi padre, de manera que no puedo decir si tengo enemistad o no", arrancó Gallego Soto al iniciar el testimonio donde repasó durante horas la vida de la víctima, reconstruyó el vínculo que tuvo con el entonces general, Ramón Díaz Bessone, ministro de Planificación durante la dictadura y también el "estrecho" vínculo que lo unió a, Juan Domingo Perón y la forma en que trabajó para su vuelta al país en las décadas del 60 y 70.

El testigo refirió que durante años creyó que su padre había sido secuestrado por intentar que Díaz Bessone intercediera en la liberación de los empresarios Jorge y Federico Gutheim, secuestrados por orden del entonces Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz para obligarlos a firmar un acuerdo económico al que se habían negado.

De hecho un mes antes de su desaparición, Soto había sido detenido por Delitos Económicos de la Policía Federal a raíz de una causa donde se investigaba a una banda que cobraba a familiares de detenidos "a disposición del PEN" para gestionar liberaciones basándose en presuntas influencias.

Gallego Soto conocía a dos acusados de pertenecer a ese grupo y había sido nombrado en un anónimo. De hecho tenía en su poder una carpeta con el tema Gutheim que pensaba entregar a Díaz Bessone y que le había acercado uno de los sospechados.

En mayo de 1997, por intermedio de un militar amigo, se encontró en la confitería "Selquet" con el entonces capitán del Ejército Vergez.

"Me dijo que había detenido a mi padre. Le pregunté ¿dónde? y me dio coordenadas parecidas aunque distintas calles. Le pregunté ¿por qué? y me dijo que debido a una declaración de un detenido, Pancho Coccoz, que lo vinculó con la lucha antisubversiva".

"Yo nunca había escuchado ese nombre", recordó Gallego Soto hijo, quien al momento del secuestro tenía 21 años, era egresado del Liceo Militar y estudiaba en la facultad.

"Yo no tenía grabador, pero hubiera querido, ni me imaginaba lo que venía después", agregó. Vergez "me dijo que no era cierto que fue por lo de Gutheim, que todo terminó rápidamente, pero que él no lo había matado ni lo había visto muerto".

Poco antes el testigo había explicado que su padre conoció a Díaz Bessone porque él se había hecho amigo del hijo del general en el liceo militar, habían viajado juntos a Mendoza y allí el militar había charlado con él sobre su padre y luego quiso conocerlo, por lo cual ambas familias almorzaron en el hotel Sheraton en 1974, antes del golpe militar.

Desde allí surgió el vínculo "cada vez más estrecho" e incluso a principios de 1977 ambos coincidieron en un viaje a Nueva York y su padre hizo gestiones para que el alcalde de esa ciudad diera las "llaves" a Díaz Bessone, por entonces ya funcionario de la dictadura.

Gallego Soto volvió al país en mayo de 1977. "Ahí empezó la tragedia", detalló su hijo y recordó que su padre conocía a Alicia Eguren de Cooke, escritora y militante peronista, esposa de Jonh William Cooke, y que ella dormía en un departamento puesto a nombre del abogado en avenida Callao al 500 y había sido secuestrada mientras él estaba de viaje en 1977 y luego se supo llevada a la ESMA y arrojada desde uno de los llamados "vuelos de la muerte".

En una investigación propia hecha sobre lo ocurrido a su padre, Gallego Soto accedió a microfilms con transcripciones de lo que pareció ser el interrogatorio bajo torturas a su padre, en un centro clandestino de detención que nunca se individualizó y donde él se refería a "ella", alguien que podría ser Eguren de Cooke y la mencionaba como la persona "que le presentó al hermano de Santucho", concluyó.