Los Morales

11/11/2009
Provinciales - Juicios que cambiarán el país
alternative
Los familiares de Morales realizaron un relato espeluznante de las torturas que sufrieron en la D2. Reconocieron al “Gato” Gomez como uno de los torturadores

Durante la novena audiencia del juicio en contra de Luciano Benjamín Menéndez y miembros de la Dirección de Inteligencia de la Policía de Córdoba (D2) dieron un duro testimonio las hermanas de Raúl Ernesto Morales y su cuñado Olegario Martínez quienes también fueron secuestrados y torturados. 

Morales era un albañil y militante de la Juventud Peronista que fue secuestrado el 22 de marzo de 1976, desde su vivienda de Santa Rosa de Calamuchita, y como consecuencia de los tormentos y torturas a las que fue sometido perdió la funcionalidad de los riñones, entre otras afecciones físicas y síquicas. 

Su hermana, Elsa Noemí Morales, quien declaró en la jornada de ayer, fue la donante para el transplante del riñón que su hermano necesitaba para seguir viviendo.  

“Yo sabia que lo tenia que hacer porque era una obligación humana, yo daba mi vida por mi hermano y así lo hice y si lo tuviera que volver hacer lo haría” 

Su otra hermana, Stella Maris Morales junto a su esposo Olegario Martínez, cuñado de la víctima, también fueron secuestrados y acusados de subversivos por su militancia en la Juventud Peronista y por realizar actividades solidarias en la comunidad de Calamuchita, relataron un verdadero horror. 

A Stella la llevaron a la D2, la desnudaron y la sometieron a distintas torturas físicas como manoseos, cachetazos, puntapiés, pisotones y psíquicas que consistían en simular que tenían a su hija en la habitación y amenazaban con matarla. 

Apenas ingresó, vendada y esposada sintió una voz que le dijo: “Servís para algo?, tenes ovarios? Pasala ya le vamos a hacer un gatito” luego de lo cuál la trasladaron a una habitación donde le pegaron un golpe “de karate” en el estomago, la arrojaron al piso y le pisaron los tobillos para comenzar el interrogatorio. 

"Era increíble el estado de excitación y locura que tenían cuando torturaban. Eran salvajes y disfrutaban lo que hacían", manifestó la mujer al traer a su recuerdo los "horrorosos" momentos que le tocó vivir hasta que fue liberada en noviembre de 1976. 

También pudo detallar que durante los días que estuvo detenida en las dependencias de la D2 ubicadas en el pasaje Santa Catalina al lado del cabildo, hubo noches que no entraban y los “apilaban”, haciéndoles compartir las esposas de brazos y piernas con otras personas, llegando a estar esposada de sus miembros con cuatro personas distintas.  

En otro tramo de su relato también dijo que escuchó en varias oportunidades el apodo del “gato” como las personas que torturaban en la D2, mote con el que se conoce a uno de los imputados en esta causa, Miguel Ángel Gómez. 

Por otra parte su esposo, Olegario que se desempeñaba como policía en Embalse de Rio Tercero y con quien había sido trasladada desde Santa Rosa hasta este mismo centro clandestino, describió situaciones inimaginables. 

Vendado y esposado fue llevado hasta una habitación donde le dijeron que se levantara la venda para que viera lo que le iba a suceder a su mujer, cuando se la levantó alcanzó a ver una mujer que había sido empalada por la vagina y gritaba desesperadamente. 

“La penetraron con un palo de escoba o una goma de la que usa la policía, impresionante los gritos de esa mujer” dijo Martinez llorando. 

Mientras relataba esto Martinez no pudo contener el llanto provocado por tanto horror, por lo que debió hacer una pasusa para luego continuar relatando como tras ver esta escena los policías le hicieron tres simulacros de fusilamiento consecutivos. 

“Yo cerré los ojos y quede al destino de lo que pasara” dijo. 

Finalizando su declaración, Martinez sostuvo que quienes los torturaban, disfrutaban de lo que hacían, “más que beneplácito, era un jolgorio como se divertían con nosotros”. 

El juicio continuará  hoy, a partir de las 10, con nuevos testimonios en los Tribunales Federales de Córdoba.