Gigante Chiquito

06/11/2009
Provinciales - Juicios que cambiarán el país
alternative
Morales relató con crudeza y llanto como las torturas salvajes que le aplicaron en la D2 le produjeron lesiones físicas y psíquicas irreparables

Raúl Ernesto Morales, un sobreviviente, conmocionó con los crueles detalles de la tortura que sufrió y las secuelas que padece durante la octava jornada del juicio contra el ex jefe del Tercer Cuerpo del ejército Luciano Benjamín Menéndez e integrantes de la Dirección de Inteligencia de la Policía de Córdoba (D2).

Interrumpido por un llanto que se soltaba con cada recuerdo de las fuertes golpizas que sufrió, relató con crudeza como por los golpes que le dieron durante las torturas en la D2 perdió dos riñones y tuvo que ser transplantado para poder seguir viviendo.

“El doctor me dijo que solo iba a vivir con un transplante de riñón que me lo dio mi hermana Elsa Morales (…) estuve cuatro meses en diálisis para poder realizar el transplante” dijo.

“Me arruinaron la vida, yo tenía veintiséis años cuando me llevaron, y mire como estoy” se lamentó Morales quien además sostuvo que a partir de lo que le ocurrió nunca más volvió a militar en política “ni pienso volver hacerlo” sentenció.

En otro momento de su declaración manifestó que cuando permanecía sentado vendado en una habitación de la D2, sintió “un olor a alcohol quemado” que luego se lo arrojaron a sus genitales sacándole toda la piel, “me desollaron” dijo Morales.

“Me quemaron los genitales y se me salió la piel, me desollaron, me sacaron toda la piel, se ve que me la pusieron mal porque se apagó” dijo y agregó que “tenia miedo que me pegaran un tiro, yo no merecía morir así” y comenzó a llorar.

El último día que permaneció en la D2 relató que lo llevaron al patio de las instalaciones ubicadas al lado del cabildo histórico donde todos los policías comenzaron a darle una golpiza “impresionante” luego de lo cuál perdió el conocimiento.

Cuando despertó, estaba en cuclillas, cubierto con una manta y por debajo de la venda que cubría sus ojos logró ver un borceguí, y con la voz que le puede quedar a un hombre golpeado casi hasta la muerte solo atinó a decir “no me vaya a pegar, no se quien soy ni a donde estoy”.

Morales un albañil de Santa Rosa de Calamuchita tenía 26 años cuando lo secuestraron sin saber porque, pero supuso que por su militancia en la Juventud Peronista o por los trabajos comunitarios que realizaba.

También dijo que reconoció al “Gato” Gómez, uno de los imputados en esta causa, como quien lo torturó cuando llegó a la Dirección de Inteligencia de la Policía de la Provincia de Córdoba cuando lo secuestraron en 1976.

“Cuando llegue a la D2, un hombre me dijo, conoces la Gato Gómez, y yo ingenuamente le respondí no, entonces ahora lo vas a conocer y conmigo vas a hablar porque conmigo hablan todos, hasta los más duros” dijo.

Luego de pasar por la D2, fué trasladado al penal de San Martín (UP1) desde donde fué llevado a Sierra Chica para luego pasar brevemente por un penal de La Plata, donde el 28 de noviembre de 1978, tras haber sido declarado inocente de los cargos de subversivo por la Justicia, fue puesto en libertad. 

A pesar de que a la sala del tribunal ingresó a declarar un  hombre de baja estatura, doblado por su dolencias, caminando con dificultad ayudado con bastón y con muchas dificultades para hablar, su testimonio fue fuerte y contundente para establecer lo que sucedió con la Policia de Córdoba durante la dictadura militar.

Miguel Ángel Gómez, “el gato” o “sargento gato”, junto a Menéndez son los dos únicos imputados en la causa “Morales”, uno de los tres casos, junto a “Albareda” y “Moyano”, que se juzga en este juicio que comenzó el 20 de octubre en los Tribunales Federales de la capital de Córdoba. 

En el primer tramo de la audiencia, que comenzó a las 11.05, también declaró  el imputado Gómez, quien admitió que se desempeñaba en dependencias de la D2 pero negó haber participado en sesiones de torturas.