De Hijo a Padre

05/11/2009
Provinciales - Juicios que cambiarán el país
alternative
Doloroso testimonio del hijo de Ricardo Fermín Albareda en el juicio contra Luciano Benjamín Menéndez e integrantes de la D2

Con un relato desgarrador de Fernando, hijo del subcomisario asesinado Ricardo Fermín Albareda y dos testigos más finalizaron los testimonios de la causa “Albareda” en el marco del juicio contra Luciano Benjamín Menéndez e integrantes de la Dirección de Inteligencia de la Policía durante la dictadura militar (D2).

“Fue todo para mi, absolutamente todo, es la persona que yo llevo dentro, por la cuál vivo, lucho cada día de mi vida y por el cual en su memoria voy a seguir luchando por un mundo mejor, para que este país sea más justo” dijo Albareda con un nudo en la garganta y lágrimas en su rostro al contestar qué significaba su padre.

Cuando le tocó  responder si conocía acerca de la actividad política que realizaba, la respuesta analizada desde el paso del tiempo y comprendiendo lo que las palabras de aquel hombre intentaban inculcar en él, fue contundente: “Su militancia estaba en cada palabra suya

Pero a la hora de recorrer el largo camino que desde niño debió realizar, con numerosas dificultades luego de que le “arrancaran” a su padre, debió aclarar que el pesar por la ausencia no es sólo del pasado, “solamente yo se lo que lo necesito, no lo que lo necesité, lo que lo necesito”, remarcó.

En este tramo de su declaración contó porque tomó como un mensaje el nacimiento de su primera hija que coincidió con el natalicio de su padre sosteniendo que “las cosas pasan por algo, no por casualidad”.

“Mi hija que hoy tiene ocho años nació el mismo día que mi papá, lo tomé como un mensaje (…) la fecha que nació para mí fue un quiebre, porque me dije para mi mismo yo no puedo (dejar de buscar) por respeto a mis hijos que un día me van a preguntar por su abuelo y por respeto a mi familia política que tanto me apoyó y me apoya, y por mi abuela que era catalogada como a todas nuestras viejas como “Vieja Loca” porque buscaba deseperadamente a su hijo”

Quizás el día a día es para Fernando la mayor de las luchas, porque a pesar de las certezas del asesinato de su padre, las consecuencias de aquella macabra metodología de “desaparecer” seres humanos, deja en sus familiares esa extraña sensación de no tener a quien llorar produciendo una búsqueda ad eternum en los rostros que caminan por cualquier ciudad

“Lo vivo con mucho dolor, con mucha angustia, no estoy loco o creo no estarlo, sigo por el centro buscándolo” dijo Albareda.

Este extraño sentimiento disociado de la razón que sabe pero niega “se termina convirtiendo en un calvario, que por los hijos y con la ayuda de ustedes (refiriéndose a la agrupación HIJOS) uno puede disimularlo” afirmó.

Finalizando su declaración, con una sinceridad que se ve y que se siente en el dolor de un hijo que con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada, es capaz de confesar, ante viejos conocidos y desconocidos lo que tanto dolor le produce en su vida diaria.

“Yo vivo disimulando, vivo mintiéndome, vivo momentos de felicidad que se esfuman al regresar (…) pero estoy seguro que todos los sueños que me cortaron yo se los voy a dar a mis hijos”, dijo.

La Esclarecedora “Seño Nico”

Fue la maestra de primaria de Fernando, la primera en contarle lo que le había sucedido a su padre a la vez que intentó hacerle entender a ese niño de ocho años la situación por la que el país estaba atravesando durante la sangrienta dictadura militar.

“La seño Nico una mañana en el patio del colegio me comentó lo que estaba ocurriendo en el país y lo que le había ocurrido a mi padre. No recuerdo sus palabras pero siento que en ese momento fue esclarecedora” dijo Albareda.

Luego relató  como su madre, producto de su conducta rebelde, inquieta y contestataria lo llevó a un internado donde permaneció un tiempo hasta que la “seño Nico”, después de mucho buscar dio con él y lo escolarizó nuevamente.

Un Albiazul Abrazo Interminable

Fernando Albareda guarda intocable en su memoria el recuerdo de aquel abrazo con su padre en el que ambos lloraron por la derrota de Talleres frente a Independiente de Avellaneda en la final del torneo nacional de 1977.

“Extraño las idas a la cancha con él, como en aquella final del setenta y siete en un interminable abrazo con mucho llanto” dijo.

Quizás por aquellos recuerdos, Fernando declaró en el juicio que siente el orgullo de trabajar en el club de los amores de su padre “que tanto él quería” y que hoy años después, busca todos los días aquellos recuerdos de su padre que permanecen en cada lugar del estadio del equipo cordobés.