Comisario retirado aseguró que los militares plantaban pruebas para allanar casas
El ex comisario de la policía provincial, Antonio Casal, calificó como "indigno" al ex agente de Inteligencia Raúl Guglielminetti, juzgado en Neuquén por delitos de lesa humanidad junto a otros 22 represores, al declarar en la audiencia de hoy en el juicio conocido como "Escuelita II".
Durante su testimonio reveló cómo personal del ejército "plantaba pruebas" en domicilios de vecinos que después eran allanados por la policía para hacerlos aparecer como "subversivos" y brindó detalles de una reunión de la "comunidad informativa" para la organización y ejecución de acciones violentas por parte de la Triple A.
Casal era jefe de Operaciones de la Policía de Neuquén en 1975 cuando se realizaron varios operativos, allanamientos y detenciones a militantes vecinales del barrio Sapere de Neuquén, algunos de los cuales permanecen desaparecidos.
"Los militares ponían elementos a la noche. Cavaban un pozo en un jardín o en la parte posterior de una casa y al día siguiente nos ordenaban allanar los domicilios para detener gente como si fueran subversivos", reveló.
"Me di cuenta de lo que estaban haciendo porque en uno de los operativos un militar jugaba con un pan de trotyl encontrado en el patio de una casa y ante mi alarma me dijo que no tenía el percutor instalado. Cómo lo sabía si el explosivo estaba envuelto con un plástico que impedía ver el interior", dijo.
"Después ellos mismos se jactaban de haberlo puesto en ese lugar para que nosotros como estúpidos fuéramos a hacer el allanamiento", afirmó.
Relató detalles de una reunión realizada promediando 1975 en una casa de la SIDE, en el centro de Neuquén, con miembros de la "comunidad informativa" de todas las fuerzas de seguridad.
"Esa reunión la presidió el ex rector de la Universidad Nacional del Comahue, Remus Tetu para organizar acciones psicológicas dirigidas a la población pre golpe", precisó y señaló que entre los asistentes estaba Raúl Guglielminetti a quien calificó como "indigno".
"Es indigno ese señor", dijo al recordar que "Guglielminetti me amenazó con matar a mi hijo de cinco años si seguía hablando" en alusión a las diferencias que venía sosteniendo con el accionar represivo.
Casal pidió el retiro de la fuerza en 1976 porque "sus principios morales no le permitían soportar el régimen impuesto por el golpe de Estado".
"Tenía que ponerme un corcho en cada oreja y una papa en cada ojo para no escuchar ni ver nada y seguir cobrando el sueldo", afirmó.