La Viuda

28/10/2009
Provinciales - Juicios que cambiarán el país
alternative
La ciudad de Albareda dijo haber borrado todo y no recordar nada. Al no poder recibir la pensión ingresó a la policía en 1980. El jefe de la D2 de aquellos años visitaba asiduamente su casa donde conversaba con su padre

Susana Montoya de Albareda, viuda de la víctima, dijo que nunca hizo una denuncia por la desaparición de su marido y que no sabe que sintieron sus hijos por la desaparición de su padre porque “nunca lo hablamos”. 

En un relato caracterizado por su dureza facial y corporal, Montoya respondió insistentemente que había cosas que borró por lo que no se acordaba y ante la mayoría de las preguntas se limitó a contestar con este argumento y con la frase “no se lo podría decir”. 

Aseveró que el jefe de su marido Francisco Alejandro Agresta, Director de Comunicaciones, le dijo cuando lo fue a ver que no hiciera la denuncia porque no era necesario ya que desde esta dependencia ya se habían encargado de hacerlo. 

Relató que tuvo que ir a la D2, Dirección de inteligencia de la Policía de Córdoba durante la dictadura militar, donde siempre la interrogó el jefe de esta repartición, el comisario Reynoso que además visitaba asiduamente su casa donde mantenía conversaciones con su padre. 

También dijo desconocer de la militancia política de su esposo y relató que cuando ocurre la desaparición, el entonces jefe de policía, Rodolfo Campos, le dice que la ausencia se debía a que Albareda se había ido con otra mujer. 

Montoya aseguró  que en el término de los treinta días Campos la citó al despacho de la jefatura de la policía donde la trató mal, le hacía preguntas sin mirarla a la cara mientras se pegaba con una fusta en una de sus botas y le decía “usted sabía que su marido tenía otras mujeres”. 

En 1980 Montoya se incorporó a la policía luego de que le explicaran que no le podían dar ningún subsidio ni pensión por la ausencia del cuerpo de su marido pero sí podían ofrecerle un trabajo por lo que terminó ingresando a las filas de la policía. 

En un momento de su testimonio, al recordarle con la lectura de una de sus declaraciones del año 1987, reconoció que quemaba revistas “Estrella Roja”, una publicación considerada subversiva en aquellos años. 

Concluyendo su testimonio, la viuda de Albareda se quebró al contar las diferencias que atraviesa con su hijo Fernando Albareda por las recriminaciones que le hace por su accionar frente a la desaparición de su padre y por los problemas que su hija está atravesando hoy por aquella situación. 

Los primeros cuatro testigos, de los 27 previstos, declararon ayer en la tercera jornada del juicio que se sigue al ex titular del Tercer Cuerpo del Ejercito, Luciano Benjamín Menéndez, y otros cinco represores de la dictadura militar. 

Dos hermanos y la viuda del desaparecido subcomisario y militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), Ricardo Fermín Albareda, ocurrido el 25 de setiembre de 1979, además del ex jefe del Departamento de Informaciones Policiales (D2), Francisco Agresta, abrieron la ronda de testimoniales. 

El subcomisario Albareda fue secuestrado, torturado y asesinado en el centro clandestino de detención del Departamento de Informaciones Policiales (la inteligencia de la D2) que tenía en el “Chalet de Hidráulica” ubicado en el embudo del dique del Lago San Roque en la ciudad turística de Villa Carlos Paz.