Primeros frutos en la exploración de mercados no tradicionales

05/07/2012
Nacionales - Economía
alternative
Tras la incursión en Angola, el gobierno nacional fomenta el comercio con Azerbaiján, en la ex república soviética que genera una expectativa aún mayor que la anterior a mediano plazo

Azerbaiján, el segundo destino no tradicional elegido este año por el gobierno nacional para aumentar la demanda de productos argentinos, tras la incursión en Angola, genera una expectativa aún mayor a mediano plazo, y las primeras transacciones concretas alentaron ese entusiasmo.

El fuerte potencial de la ex república soviética es innegable, dado su acelerado crecimiento reciente (alza del PIB de 14% promedio anual en 2006-11), su fortaleza económica y financiera (asentada en un sólido pilar energético), y su estratégica ubicación geopolítica.

Es cierto que la perspectiva de negocios con los angoleños en el occidente africano, apenas del otro lado del Atlántico Sur, ofrece las ventajas de la relativa cercanía y de la lengua portuguesa, que ya compartimos con el socio Brasil.

Decir Azerbaiján, en cambio, es admitir un desconocimiento previo de su historia y su cultura, y a primera vista, sopesar una serie de obstáculos. Desde el idioma y el alfabeto cirílico que torna ilegibles los periódicos, hasta la cansadora distancia (y lo que eso implica en términos de logística).

Los empresarios integrantes de la misión que encabezaron el canciller Héctor Timerman y los secretarios Guillermo Moreno y Beatriz Paglieri, tuvieron que viajar 18 horas en un avión charter de Aerolíneas Argentinas, más dos horas de espera en una escala.

Con un detalle curioso: partieron el domingo por la noche y llegaron en la madrugada del martes, debido a la diferencia horaria: 8 horas más en Baku que en Buenos Aires.

¿Demasiados inconvenientes? En absoluto. Quienes descubrieron este rincón en el extremo sudeste de Europa y en una punta de Asia llamado el Cáucaso, empezaron a palpar un interés mutuo que ya dio sus primeros resultados y podría devenir en concreciones mucho más relevantes en el mediano y largo plazo.

Lo cierto es que ambos gobiernos, el argentino y el azerí, ven sus respectivos espacios como “puertas” de acceso a territorios más amplios y promisorios. Ya en 2010, Azerbaiján tomó la decisión estratégica de instalar en Buenos Aires su primera embajada en América Latina.

La Argentina correspondió el gesto en febrero pasado, al disponer la creación de la representación diplomática nacional en Baku.

 Shain Mustafayeb, el ministro de Desarrollo azerí, reconoció los frutos compartidos del acercamiento emprendido a niveles diplomáticos y empresariales.

Para una economía en rápida expansión, que inclusive genera importantes excedentes de inversión (a través de la agencia estatal The State Oil Fund), no es poca cosa vincularse con el Mercosur, potenciado ahora con la incorporación de Venezuela.

La Argentina, por su parte, busca afianzar acuerdos con un país que avanza a pasos más acelerados que sus vecinos del sur caucásico (Georgia y Armenia) y conforma la Comunidad de Estados Independientes (ex miembros de la URSS); la Conferencia Islámica; y la alianza regional GUAM (Georgia, Ucrania, Azerbaiján y Moldavia), entre otros grupos.

Con el componente adicional de la estabilidad política, claramente contrapuesto con las convulsiones de otras zonas calientes del planeta no tan apartadas del Mar Caspio, a cuyas aguas mira Baku.

Este contexto y la confianza en el margen de competitividad propia alentaron a los dos centenares y medio de fabricantes argentinos de maquinaria agrícola, agroquímicos, alimentos y bebidas; comida para mascotas, autopartes, motos y piezas, electrodomésticos, supermercados, productos de higiene y cosmética, muebles y servicios educativos.

También arribaron a explorar el terreno representantes de constructoras, biotecnológicas, textiles, productores de calzado, juguetes e indumentaria; compañías de informática, laboratorios farmacéuticos y proveedoras de servicios para la industria de hidrocarburos, además de funcionarios de áreas financieras y agropecuarias, de actividades productivas de Catamarca y San Juan, más un gobernador, el de La Rioja, Luis Beder Herrera.

Para todos ellos, para la Argentina, las vinculaciones Sur-Sur empiezan a convertirse en una opción frente al laberinto que plantean las crisis del mundo desarrollado, y a las tradiciones de dependencia de los centros del poder transnacional.