Una testigo dijo querer que los represores vivan para pagar los daños hechos

29/05/2012
Juicios que cambiarán el país - Juicios que Cambiarán el País
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Se trata de la esposa de un comerciante santiagueño desaparecido en 1976. Declaró en el marco del juicio oral por 44 víctimas de la dictadura militar, que se desarrolla en Santiago del Estero

María Rosa Ruiz de Alvarez, esposa de un comerciante santiagueño desaparecido en 1976, pidió hoy que los represores “vivan 50 años más para pagar todo lo que hicieron”, en el marco del juicio oral por 44 víctimas antes y durante la última dictadura militar.

Quiero justicia, no que se mueran, sino que vivan 50 años más para pagar todo lo que hicieron”, dijo la esposa de Rafael Belindo Álvarez, fabricante de baterías que desapareció el 19 de marzo de 1976, durante un allanamiento realizado en la casa en que vivía junto a su esposa e hijos.

La mujer recordó que en el operativo “participaron 50 personas, todas con pelucas, barba y bigotes postizos; al único que pude reconocer fue a (Tomás Miguel) Garbi”.

“Esa noche, mi marido dormía en un pasillo y al momento que me obligaron a abrir la puerta para el allanamiento, él desapareció y nunca volví a verlo”, detalló.

En su relato, entrecortado por el llanto, la mujer indicó que a los pocos días los represores “desmantelaron la fábrica de baterías y se llevaron máquinas embaladas que fueron compradas para instalar un lavadero”.

“Viví un tormento, nos dejaron en la calle, no tenía para darle de comer a mis hijos”, agregó la mujer, que entre los represores reconoció también a Musa Azar y al ex mayor del Ejército, Jorge D´Amico.

Asimismo, la víctima, que solicitó que los acusados no permanecieran en la sala mientras prestaba declaración, relató que “también fue detenida y torturada física y psicológicamente, querían saber dónde se encontraba mi marido y la verdad que la noche del allanamiento fue la última vez que estuve con él”.

“Llegaron a amenazarme con matar a mis hijos, me decían que los iba a ver colgando sus cabezas, brazos y piernas de los árboles, fue terrible”, acotó entre llantos.

En la misma audiencia, también prestaron declararon Rosa Dora Silva y sus hijas Rosa Angélica y Mónica Bustos, que durante la detención de su padre, Carmen Santiago Bustos, tenían 9 meses y 2 años, respectivamente.

“Vivíamos en un rancho y la noche en que vinieron a llevarse a mi marido, fueron a buscarlo directamente en la cama en que dormía, lo golpearon a culatazos y sangraba mucho de la boca y oído”, recordó la mujer.

Rosa admitió que no pudo ver la cara de los represores porque “nos alumbrábamos con un mechero, no teníamos luz eléctrica, éramos muy pobres”.

“Nos dejaron en la calle, la casa tenía plásticos de paredes, destruyeron todo, hasta las mamaderas de los niños; el mayor lloraba y Garbi, para hacerlo callar, le ofrecía plata”, recordó.