Genios humildes

08/10/2009
Provinciales - Unidos en el Arte
alternative
Un venezolano que debutó como director de la Filarmónica de Los Ángeles lleva la música a los jóvenes con menos recursos
El venezolano Gustavo Dudamel debutó como director de la Filarmónica de Los Ángeles, sin embargo, uno de sus principales méritos ha sido enseñarles música a los jóvenes con menos recursos.

Dudamel, que en Los Ángeles ya es conocido por apodos como “Gustavo el grande”, “Gustavissimo”, “The Dude” o simplemente “GD”, hizo su primera aparición sobre el escenario en compañía de unos 100 niños de la orquesta joven del centro YOLA, cuya experiencia con instrumentos apenas se limita a un año.

Dudamel puede ser una de las grandes figuras del mundo musical, sin embargo, aún no se cree el cuento. A pesar de que ahora es una estrella en EE.UU., Gustavo ha dedicado gran parte de su tiempo al paciente trabajo con músicos principiantes de barrios humildes de South Los Ángeles. “Practicamos tres veces a la semana y no me he perdido una sola clase”, comentó Javier Vivar, de 11 años.

La orquesta juvenil sigue el modelo de “El Sistema”, el programa que formó a Dudamel en su Venezuela natal. Se trata de un programa costeado por el gobierno que ofrece instrumentos y enseñanzas a miles de niños y cuenta con numerosas orquestas en todo el país.

Dudamel dice que quiere usar el mismo sistema en Estados Unidos, empleando la música clásica para ayudar a niños humildes.

El Sistema le permitió  a Dudamel desarrollar su talento natural para ejecutar el violín, dirigir a los 14 años y llegar muy joven a director de la Orquesta Simón Bolívar.

“Creo que hay una sola América. Por supuesto que tenemos el Sur, el Centro y el Norte, pero es un solo continente. Me enorgullezco de ser venezolano, latino, sudamericano y americano”, señaló.

La cultura, en cualquiera de sus expresiones, es una necesidad vital, igual que la salud, la educación y la alimentación, no sólo para transmitir disciplina y trabajo en equipo, sino también para sensibilizar las almas y agudizar los sentidos.

La grandeza del hombre no reside en alcanzar el grado más alto en la actividad donde se desempeña, sino en su capacidad de usar su arte para ayudar a los más vulnerables. Porque la humildad radica en nuestro contacto con la realidad.