Egipcios votaron en una histórica elección presidencial postmubarak
Los egipcios votaron hoy con gran entusiasmo en las primeras elecciones presidenciales libres en varias generaciones, unos comicios históricos pero casi sin candidatos que representen a los sectores seculares y pro-democráticos que derribaron al ex mandatario Hosni Mubarak.
Más de 15 meses después del derrocamiento de Mubarak, los egipcios hicieron largas colas para participar en unas de las primeras elecciones realmente disputadas del mundo árabe, en las que compiten por el poder figuras ligadas al antiguo régimen y partidos islamistas, los rivales tradicionales de Mubarak.
El nuevo presidente asumirá las riendas de un país convulsionado desde la caída del ex mandatario, con problemas económicos y de seguridad y disturbios con trasfondo político, incluyendo protestas firmemente reprimidas contra la Junta Militar por parte de sectores que dudan de su disposición a ceder el poder.
Desde temprano, los egipcios formaron con paciencia largas colas en los centros de voto, donde era palpable el fervor por participar en las elecciones. A las mujeres y los niños, los enfermos y discapacitados se les permitía saltearse la cola.
"Hasta ahora, todo bien. Entré temprano", dijo Ghanim Ali, una joven ejecutiva mientras hacia el último tramo de la cola, junto a sus dos chicos, en un centro de votación habilitado en una escuela en la localidad de Ciudad 6 de Octubre.
"Estoy tan entusiasmada, tan feliz, sin importar quién vaya a ser el presidente", declaró, citada por la cadena de noticias BBC.
"Por primera vez en la historia de Egipto soy capaz de elegir. He estudiado todas las plataformas políticas", agregó.
Algunos votantes expresaron su predilección por veteranos de la era Mubarak. Otros, se mostraron horrorizados por esta idea, y dijeron creer que votar por un "feloul" -un "remanente" del antiguo régimen-, mantendrá a Egipto en la dictadura y en una democracia ilusoria.
Los islamistas, especialmente los poderosos y conservadores Hermanos Musulmanes, ven la oportunidad de conducir el país luego de años de represión bajo Mubarak.
En Egipto, como en otros países que vivieron la "primavera árabe", los sectores islamistas capitalizaron en su favor la caída del antiguo régimen, pese a que en este caso se plegaron a la revolución contra Mubarak recién cuando el destino del líder parecía sellado tras días de protestas populares.
Los detractores de los islamistas los acusan de tener una agenda secreta para establecer un gobierno de tipo teocrático.
Un total de 13 candidatos compiten en la doble jornada de elecciones presidenciales, que culminará mañana.
Se espera que ninguno logre una victoria decisiva en esta primera vuelta, y para el 16 y 17 de junio está previsto un balotaje entre los dos más votados. El ganador se anunciará el 21 de junio.
Unos 50 millones de egipcios se registraron para votar.
La Comisión Electoral dijo que la primera jornada transcurrió sin incidentes y que el horario de votación se extendió una hora debido a la "considerable" afluencia de gente.
Una victoria islamista probablemente significará un mayor énfasis en la religión a nivel institucional.
Los Hermanos Musulmanes, que ya dominan el Parlamento, niegan querer instaurar una teocracia ultraconservadora como la del reino de Arabia Saudita, donde las mujeres tiene derechos cercenados, donde rigen severas penas como las amputaciones y la lapidación y está prohibido profesar religiones que no sean la islámica.
Los Hermanos dicen que desean implementar una visión más moderada de la ley islámica, pero los sectores liberales desconfían.
Muchos de los candidatos pidieron cambios en el tratado de paz que Egipto firmó con Israel en 1979, que es impopular.
No se espera que nadie lo denuncie, pero una victoria de los islamistas más radicales o de algún candidato izquierdista podría derivar en tensiones con Israel y en una postura más fuerte de apoyo a los palestinos en su conflicto con el Estado judío.
Los candidatos vinculados al régimen de Mubarak y -paradójicamente- los Hermanos Musulmanes -que ya se reunieron varias veces con funcionarios de Estados Unidos y cuya postura antiisraelí es vista como mayormente retórica- son las fuerzas que más probablemente dejarán el tratado intacto.
La verdadera competencia se reduce a cuatro candidatos.
Los principales entre los islamistas son Mohammed Mursi, el candidato de los Hermanos Musulmanes, y Abdel Moneim Abul Futuh, un moderado que fue expulsado de la misma organización y cuya plataforma inclusiva se ganó el apoyo de liberales, izquierdistas y de muchos miembros de la minoría cristiana.
Los dos postulantes laicos más importantes son ambos veteranos del gobierno de Mubarak, el ex primer ministro Ahmed Shafiq y el ex canciller y jefe de la Liga árabe Amro Mussa.
Una de las mayores preocupaciones es si los distintos sectores aceptarán una victoria del bando rival. Muchos islamistas ya advirtieron que una victoria de Shafiq sólo podría ser resultado de un fraude, en medio de sospechas de muchos de que la Junta está determinado a que gane este ex comandante de la Fuerza Aérea.
"Elegí a Abul Futuh porque no es un "feloul", queremos una cara nueva", dijo Fatima, de 22 años, tras votar en una escuela en el Cairo, informó BBC.
"Voté por Mohammed Mursi por mis chicos, porque es una persona cercana a Dios. Los Hermanos Musulmanes son respetados", dijo el votante magda hanif en la ciudad de Giza.
Los comicios son controlados por grupos de veedores egipcios y por tres organizaciones de observadores internacionales, incluyendo el centro del ex presidente estadounidense Jimmy Carter, quien llegó esta semana a Egipto y hoy visitó un centro de votación en el barrio cariota de Sayeda Aisha.
La Junta Militar que sumió tras la caída de Mubarak prometió entregar el poder al ganador de las elecciones a fines de junio, aunque hay temores de que intente mantener su influencia política sobre el gobierno que asuma el mando.