Palabras que desgarran el alma

05/10/2009
Nacionales - Juicios que cambiarán el país
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El Tribunal de Santa Fe escuchó los desgarradores testimonios de sobrevivientes de centros clandestinos de detención

El Tribunal Oral de Santa Fe, que juzga a seis acusados de delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura militar, escuchó ayer los testimonios, por momentos desgarradores, de cuatro sobrevivientes de centros clandestinos de detención.

Se trata de Silvia Suppo, Vilma Cansián, Susana Molina y María de los Milagros Almirón, quienes declararon a propuesta de la parte querellante y la fiscalía de la denominada Causa Brusa.

Son juzgados el ex juez federal Víctor Brusa, el ex comisario y ex jefe de la Dirección de Drogas Peligrosas, Héctor Colombini; el ex jefe de la Guardia de Infantería Reforzada, Juan Perizotti; la ex carcelera policial María Eva Aebi; el ex jefe del Comando Radioeléctrico de Santa Fe y de la comisaría Cuarta, Mario Facino; y el ex policía Eduardo Ramos.

Todos los acusados están siendo juzgados por los delitos de privación ilegítima de la libertad agravada, vejaciones, apremios ilegales, coacción y tormentos, todos en concurso real.

La primera en prestar declaración testimonial fue Silvia Suppo, quien narró los horrores que sufrió durante su cautiverio, entre ellos una violación y, como producto de ello, un aborto "para remendar el error", frase que atribuyó a Juan Calixto Perizotti.

Suppo fue secuestrada por el Ejército en marzo de 1977, cuando tenía 17 años, junto a su hermano y a su actual esposo, Jorge Destéfani. Unos días antes había sido secuestrado su novio de ese momento, Reinaldo Hatemmer, quien continúa como desaparecido.

La mujer contó que estuvo detenida en la comisaría Cuarta de Santa Fe, en la Guardia de Infantería Reforzada y en el centro clandestino de detención conocido como "La casita", ubicado a las afueras de la ciudad de Santo Tomé.

Suppo fue interrogada encapuchada en la seccional Cuarta, donde el jefe era el acusado Mario Facino, y pasó también por la Guardia de Infantería, donde identificó como jefe a Perizotti y como secretaria de éste a María Eva Aevi.

En la Cuarta recibió la visita del entonces obispo de Rafaela, Jorge Casaretto, a quien le contó de la violación y las torturas.

Entre muchos hechos que le ocurrieron a ella y a otras personas, la mujer habló de su hermano Rogelio Suppo, quien tras ser salvajemente torturado logró escapar de un hospital y luego de varios días de estar prófugo abandonó el país hacia Brasil ayudado por Casaretto y el obispo Justo Laguna.

En ese escape fue ayudado también por desconocidos que se solidarizaron con él suministrándole comida, ropa y dinero.

Otro de los testimonios fuertes de la jornada fue el de Vilma Cansián, secuestrada en el centro de Santa Fe en octubre de 1976, cuando también era menor de edad.

Ella fue trasladada primero a 'La casita', donde sufrió torturas con picana eléctrica y violaciones.

"Me llevaron a La Casita, me picanearon y me ataron al piso. Ahí fui violada. Luego me trasladaron a la Cuarta, (donde) estuve en un calabozo por 20 días. Recuerdo a Nidia Patiño (otra detenida). En mayo de 1977 nos llevaron a Paraná y de ahí en un avión a (la cárcel de) Devoto. Nos decían que nos iban a tirar al mar", narró.

Cansián agregó que previamente su situación fue "blanqueada" al ser derivada a la Guardia de Infantería.

Los testimonios de Molina y Almirón coincidieron con el de sus antecesoras que el modo de operar de los represores santafesinos era idéntico cuando se trataba de mujeres, especialmente menores de edad: tortura, vejaciones y violación.

El caso de Molina es particularmente trágico, ya que tiene seis familiares desaparecidos y su esposo arrastró por mucho tiempo severos problemas de salud debido a las torturas de las que fue objeto.

En cuanto a Almirón, sufrió la represión cuando apenas tenía 14 años y el horror alcanzó también a sus familiares más directos: su hermano Luciano fue detenido por Perizotti mientras la visitaba en la Guardia de Infantería y su madre María Sedrán soportó serios problemas en un pecho como consecuencia de atroces torturas.