Realizaron una inspección a la base Zar de Trelew donde fusilaron a presos políticos
La tercera jornada del juicio por la Masacre de Trelew incluyó hoy una inspección a la base Zar de Trelew, donde en agosto de 1972 fueron fusilados 19 presos políticos, y el desistimiento de unos 20 testigos por parte de la fiscalía y la querella, para acelerar el avance de la causa.
"La inspección judicial nos confirmó toda la teoría que veníamos diciendo sobre cómo sucedieron los hechos", dijo el fiscal Horacio Arranz en la base Almirante Zar, antes de regresar a Rawson, donde se desarrolla el juicio oral y público.
El acusador valoró también aspectos de lo manifestado por el acusado por encubrimiento, el oficial naval Jorge Bautista, el único, entre los cinco procesados, presente en la visita de esta mañana al escenario de los hechos investigados.
Bautista fue el instructor de la Armada nombrado hace ya casi 40 años para hacer el sumario de los hechos en la base Almirante Zar y acusado ahora de encubrir el fusilamiento de 19 prisioneros políticos, 16 de los cuales murieron aquel 22 de agosto.
"Bautista habló (en la inspección) porque así lo deseó y tiene su derecho a decir o no lo que él crea conveniente", señaló Arranz antes de aludir a contradicciones entre sus manifestaciones y lo declarado por los otros imputados en la etapa de instrucción.
Sobre la importancia general de la inspección, afirmó que confirma prueba anterior sobre "impactos de bala en la pared del fondo del pasillo de calabozos" donde estaban los fusilados y "la ausencia de impactos en el lugar donde estaba la guardia".
"Todo esto hace muy inverosímil la versión de que hubo disparos desde los presos hacia la guardia", sostenida por los acusados para afirmar que repelieron "un ataque en un nuevo intento de fuga", la "historia oficial" divulgada en 1972 por la dictadura que encabezaba en esa época Alejandro Lanusse.
"Para nosotros no existió ataque ni intento de fuga", enfatizó Arranz.
Por su parte, el fiscal Fernando Gelves, que actúa en la causa desde su origen, dijo a Télam que "gran parte del relato de Bautista coincide con la pericia oficial de Rodolfo Pregliasco en cuanto a dimensiones del pasillo y calabozos. Sobre los disparos, en algunos casos puede coincidir y en otros no".
"Lo que podemos hacer nosotros es tomar lo que Bautista dice y que es creíble, comparándolo con el conjunto de la prueba, y desechar lo que no es creíble y que la otra prueba desecha".
En términos coincidentes se expresó el abogado Germán Kexel, querellante por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, para quien la inspección judicial fue "importante porque, si bien se había hecho (otra) en la etapa de instrucción, era necesario que el Tribunal conozca el lugar de los hechos que estamos juzgando, tenga una aproximación y haga una evaluación".
"Es importante que esta evaluación permita, al Tribunal y a las partes, valorar la prueba (acumulada), en especial la pericia de Pregliasco", perito del Instituto Balseiro, así como las "contradicciones" entre lo declarado por Bautista y por los otros procesados, dijo Kexel a esta agencia.
Además, sostuvo que la inspección "permitió comprobar que la construcción de los calabozos (en su configuración previa a reformas posteriores a los hechos investigados) dejaba un estrecho pasillo en el cual no cabían tres personas", lo que torna "inverosímil" la versión de los acusados.
El letrado aludió en este punto a las "ficciones de los imputados", en línea con "la versión oficial" de la dictadura de Lanusse, sobre un supuesto ataque de los presos a los militares en un "nuevo intento fuga".
"Eso fue imposible, así lo dijo Pregliasco y es bueno que el Tribunal lo vea, analice y saque sus conclusiones. Nosotros como querellantes ya las tenemos formadas desde la instrucción".
Kexel dijo también que "Bautista hizo algunas declaraciones que nos gustaría consultarle en la audiencia del jueves" de la semana próxima "con mayor nivel de
detalle", en el marco formal de la audiencia y con la presencia de todas las partes.
"No quedó nada claro el tema de los disparos", ya que el instructor nombrado por la Armada el 22 de agosto de 1972 "primero habló de disparos y después dijo que había marcas (de supuestos disparos) de los dos lados".
"La pericia de Pregliasco estableció claramente que no hubo disparos de los dos lados, que solamente había de uno y procedían de donde estaban los militares acusados", puntualizó.
Kexel precisó que la querella quiere preguntarle a Bautista "con mayor detalle para ver si (el sentido de estas manifestaciones suyas indican que) es una teoría acomodada a las nuevas circunstancias o tienen mayor sustento".
Siempre respecto de Bautista, recordó que la querella sostiene "la imputación por encubrimiento con prueba abundante", igual que la fiscalía, en el contexto de "un plan ideado por las más altas autoridades" de la dictadura de Lanusse.
Bautista admitió que al llegar a la base Zar, al mediodía del 22 de agosto, "todavía estaba con vida (Rubén) Bonet, quien junto con (Mariano) Pujadas tuvo paradigmática actuación" en el viejo aeropuerto de Trelew, en una conferencia de prensa previa a la rendición y el traslado a Zar, destacó Kexel.
Los hechos que derivaron en los fusilamientos del 22 de agosto de 1972, conocidos como la Masacre de Trelew, comenzaron con una fuga de presos políticos del penal de Rawson, todos los cuales integraban organizaciones guerrilleras, el 15 del mismo mes.
Seis de los evadidos, dirigentes de las organizaciones FAR, Montoneros y ERP, alcanzaron ese día a tomar un avión controlado previamente por otros militantes, para llegar a Chile.
Los restantes 19 fugados fueron cercados en el viejo aeropuerto de Trelew, hoy un Centro de la Memoria, donde se rindieron tras obtener garantías de los militares, en una negociación presenciada por el juez Alejandro Godoy, abogados y periodistas.
Contra lo prometido, los 19 fueron trasladados a la base aeronaval Almirante Zar, donde fueron fusilados en la madrugada del 22.
Fueron asesinados Rubén Pedro Bonet, Jorge Alejandro Ulla, Humberto Segundo Suárez, José Ricardo Mena, Humberto Adrián Toschi, Miguel Angel Polti, Mario Emilio Delfino, Alberto Carlos Del Rey, Eduardo Campello, Clarisa Rosa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Heriberto Astudillo, Alfredo Elías Kohon, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas y Susana Lesgart.
Con graves heridas, sobrevivieron Antonia Berger, Alberto Miguel Camps y Ricardo René Haidar, todos ellos detenidos-desaparecidos durante la última dictadura.
Pero Bautista dijo que inicialmente los heridos sobrevivientes eran al menos seis, entre ellos Bonet.
"Que Bonet estaba con vida no había surgido hasta ahora (de los acusados). Nosotros veníamos sosteniendo que era uno de los sobrevivientes. Tiene que ver con los hechos posteriores, porque a Bonet lo dejaron desangrar y lo dejaron morir en la base", concluyó Kexel.
Por otra parte, la fiscalía y la querella desistieron de la presentación de más de 20 testigos, sobre cerca de 80, a fin de acelerar el avance del juicio.
El Tribunal deberá decidir además sobre la intención de los acusadores de introducir por lectura, sin comparecer en audiencia, de una parte de los testigos, algunos fallecidos, como Eduardo Luis Duhalde, secretario de Derechos Humanos de la Nación desde 2003 hasta su reciente muerte, y el escritor Tomás Eloy Martínez.
Las defensas de los acusados impugnaron a una parte de estos últimos testimonios con el argumento de que los testigos declararon sin su presencia, asunto sobre el que resolverá el Tribunal en la audiencia del jueves de la semana próxima.
En declaraciones a Télam, el fiscal Gelves recordó que los defensores no podían ser citados cuando sus defendidos ni siquiera estaban imputados pero el Estado ya investigaba la Masacre de Trelew en el marco de una causa judicial.