Testigos relataron el horror que vivieron en sus secuestros
Siete testigos relataron "todo el horror" que vivieron, en la tercera jornada del juicio contra el ex jefe del Regimiento de Infantería Aerotransportada Carlos Alberto Lucena y el ex jefe general de la Policía, Juan Daniel Rauzzino, por delitos de lesa humanidad cometidos durante la última dictadura.
Lucena y Rauzzino llegaron al juicio oral inculpados como autores de los delitos de privación ilegítima de la libertad y la desaparición forzada de personas en tres hechos ocurridos entre abril de 1976 y enero de 1977, de los que fueron víctimas Francisco Gregorio Ponce, Julio Genaro Burgos, Griselda del Huerto Ponce y Nelly Yolanda Borda.
La primera en declarar fue una prima de Griselda Ponce y tía de Julio Burgos, quien relató pormenorizadamente los hechos que le tocaron vivir el 15 de diciembre de 1976, cuando presenció el secuestro de sus dos familiares en el domicilio que compartían en calle 9 de Julio al 1.200 de Esta capital.
Recordó que "eran varios los uniformados que habían ingresado con violencia a la vivienda donde vivíamos y se llevaron a ambos".
También dijo que su abuela y su tío se dirigieron al día siguiente a radicar la denuncia en sede policial, pero que nunca lograron que se la reciban.
Expresó que "un día después del secuestro llegaron militares nuevamente al domicilio y procedieron a quemar en una gran fogata, preparada en el fondo de la casa, una gran cantidad de libros y discos que consideraban subversivos".
Narró que en el momento del hecho ella tenía 16 años y agregó que "mi abuela y tíos, murieron de pena por no saber qué paso con Griselda y Julio".
Luego dicho testimonio fue ratificado totalmente en términos similares por un vecino de la familia Ponce, porque "era todo un horror, como los trataban a los Ponce y pudimos presenciar, porque mi casa colindaba con la de ellos".
También declaró la hermana de Yolanda Borda, desaparecida el 27 de enero de 1977, quién narró la manera violenta en que se la llevaron durante la madrugada de su domicilio de calle Lavalle al 100, de la ciudad de Belén, a unos 300 kilómetros al oeste de la capital.
"Los captores tenían su rostro cubierto con medias y capuchas y la mayoría portaba armas largas, quienes luego de ingresar a los distintos dormitorios de la familia los llevaron al patio, tomaron a Yolanda y tal como estaba, en ropa de dormir y sin calzado fue metida en un vehículo que esperaba en la puerta de la casa", agregó.
Recordó que Nelly Yolanda Borda estudiaba Química en la Universidad Nacional de Tucumán, quien luego de su secuestro, fue vista en centros clandestinos de detención de Tucumán, pero cuando "toda la familia inició la búsqueda, nunca nadie dijo nada".
La hermana de Borda dijo que al día siguiente del secuestro, personal con uniforme militar estuvo parapetado frente al domicilio, asegurando que "Nelly era una mujer muy solidaria, porque ayudaba a todos en lo que estaba a su alcance".
Asimismo, declararon dos testigos más en el marco de la desaparición de Francisco Ponce. En este caso se trató de un hombre que ingresó a la policía 6 meses después de la desaparición de Francisco Ponce, quien fue secuestrado el 6 de abril de 1976 de la camioneta en la que se conducía.
El testigo habría sido quien le prestó el rodado a Ponce, y que luego tuvo que ir a buscar a la sede de la Comisaría Segunda, en la zona sur de la capital, aunque sin hacer preguntas sobre el paradero del joven conductor.
Antes que él, un empleado suyo también habló ante los jueces y aseguró que "en esa época, el ex jefe de Inteligencia del Regimiento, Dario Otero Arán, visitaba a mi patrón que tenía un taller, en forma muy seguida", aunque un día despues un policía amigo, me dijo que "me había salvado de ser `chupado`" como Ponce.
En este proceso también iba a ser juzgado Luciano Benjamín Menéndez, ex comandante del 3er. Cuerpo de Ejército en el período mencionado, y con directa responsabilidad jurisdiccional sobre Catamarca, quien fue apartado del proceso por razones de salud.