Andruet sostiene que la formación técnica no basta para ser juez

25/04/2012
Provinciales - Justicia
alternative
Destacó la necesidad de indagar sobre la idiosincrasia y sobre los entornos éticos de los aspirantes a la judicatura

En el momento de seleccionar a los postulantes interesados en acceder a la judicatura, los Consejos de la Magistratura no deben limitarse a evaluar los conocimientos científico-técnicos, sino también deben indagar con pluralidad sobre aspectos que hacen a la idiosincrasia, la integridad y a los entornos éticos de la vida de los aspirantes, según aseguró el vocal del Tribunal Superior de Justicia, Armando Segundo Andruet, durante la conferencia titulada “El perfil del juez y del consejero”, que pronunció durante las Séptimas Jornadas Nacionales del Foro Federal de Consejos de la Magistratura y Jurados de Enjuiciamiento de la República Argentina (Fofecma), celebradas el jueves y viernes pasados en Córdoba.

Andruet (h) destacó que, en las selecciones de postulantes, no debe perderse de vista “la calificación científica, el liderazgo, la honorabilidad, la integridad, el discernimiento y la responsabilidad convictiva” de los postulantes. No obstante, agregó que estas aristas “no siempre han sido privilegiadas en su totalidad” por los Consejos de la Magistratura, razón por la cual “en la mayoría de los casos sólo ha sido una aspiración parcial y, como tal, el resultado obtenido es el de un juez seleccionado que bien puede ser enmarcado desde un ‘óptimo parcial’, cuando debería responder a un ‘optimo total’”.

El vocal del TSJ recordó el decálogo que años atrás elaboró Olsen A. Ghirardi, ex integrante del Consejo de la Magistratura de Córdoba, para quien el juez debería reunir las siguientes virtudes: “1) saber qué debe obrarse o hacerse en cada caso concreto. 2) Saber deliberar consigo mismo; es decir, pensar reflexivamente. 3) Saber interpretar los principios y las normas en función de los hechos y éstos, en función de aquellos. 4) Poseer la sabiduría de la praxis en el momento oportuno. 5) Su juicio decisorio no debe ser demasiado apresurado ni demasiado lento”.
De acuerdo con el mismo decálogo, todo magistrado debería: “6) Ser inmune a las presiones de su entorno y hacer oídos sordos a las influencias. 7) Evitar los fáciles dogmatismos y las improvisaciones, y saber admitir razones y corregir errores. 8) Escapar a los prejuicios, y ser siempre crítico y mesurado. 9) Escuchar con atención antes de juzgar. 10) Ser siempre prudente por sobre todas las cosas y conducirse con decoro en su vida pública y privada”.

Los Consejos de la Magistratura, según el Dr. Andruet (h), deberían aspirar a lograr la “consolidación en el candidato del dominio sobre los ámbitos académicos generales, éticos, políticos-ideológicos y de la prudencia”, dado que “el acumulado de estas variables en cada uno de los jueces es lo que puede propender al mayor beneficio a la sociedad civil a quien juzga”.

En el mismo sentido, el magistrado recalcó: “no se conoce muy bien que las pruebas de admisión y competencia de los postulantes profundicen sobre los entornos éticos de la vida judicial, a los que se deja en muchas ocasiones como un subproducto moral individual y que, por lo tanto, se quiere preservar no afectándola con indagaciones de ningún tipo, en el equivocado concepto de que la ética individual del magistrado es suficiente para cumplir adecuadamente el rol público que la judicatura, como tal, le impone en muchas ocasiones”.

La posición laxa de no intromisión en la ética de los magistrados durante los procesos de selección, según Andruet, responde a que “no se quiere comprender que la ética judicial no sólo alcanza los actos públicos de los jueces, sino también aquellos que son privados con trascendencia pública”.

“La pertinencia de la territorialidad de la ética judicial es gravitante para que sea seriamente recompuesto uno de los problemas graves que los Poderes Judiciales poseen, y que comienza con el amiguismo y que concluye en la corrupción. En todo ese tránsito, la ética es el valladar de mayor entidad”, acotó.

El magistrado advirtió que “poco se ha indagado respecto a los perfiles idiosincráticos que en los candidatos deambulan de un lugar a otro y que están arraigados en modo visceral a ellos”.

“Tampoco es frecuente encontrar evaluaciones que aspiren a conocer cuál es la manera en que la persona que se postula para ser juez habrá de gerenciar la oficina judicial que tendrá a su cargo, así como a la docena de personas bajo su responsabilidad y que socializan en entornos de alta competencia y de grandes ansiedades por parte de quienes consumen el servicio que ellos administran”, añadió.

A modo de corolario, Andruet (h) manifestó que la mayoría de los Consejos de la Magistratura “tienen un excelente o satisfactorio requerimiento en la percepción de lo académico-científico en general de los postulantes, sea ello en lo estrictamente especulativo como en la capacidad de poder establecer adecuadamente las llamadas gramáticas jurisdiccionales propias: argumentación jurídica, lógica judicial y razonamiento forense, entre las más notorias”.

“Sin embargo, nada se hace a los fines de perfeccionar lo concerniente a los otros ‘óptimos’; los cuales, en el mejor de los casos, suelen quedar alcanzados como un resultado residual de la consumación de los anteriores. Y ello, si bien es posible que pueda funcionar durante algún tiempo, en realidad lo que no puede ocurrir es que así quede perpetuado”, remató.