Realizan vistas guiadas a la ex ESMA

23/03/2012
Nacionales - Derechos Humanos
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Se trata de una de las actividades del Espacio de la Memoria, que se realiza con el objetivo de ayudar a comprender un período histórico en el que el Estado reprimió y desapareció a 30.000 personas

Un grupo de jóvenes guías, de entre 25 y 35 años, acompaña el durísimo recorrido por el casino de oficiales de lo que fue el centro clandestino de detención de la Escuela Mecánica de la Armada (ESMA), el más emblemático de los que funcionaron durante la última dictadura cívico-militar-, con una propuesta pedagógica que invita a involucrarse en el ejercicio colectivo de la memoria.

"El desafío es promover la participación del público en la construcción de un relato histórico que solo se logra con el ejercicio colectivo de la memoria", dijo Celeste Abrevaya, durante un encuentro que mantuvo Télam con parte del grupo de guías, que coordina Mariana Croccia.

Las "visitas guiadas" dependen del área Programas y Actividades, a cargo de María Prince del Espacio de la Memoria, un ente público autárquico y tripartito integrado por un representante de Nación, de la Ciudad de Buenos Aires, y de los organismos de Derechos Humanos, y buscan ayudar a comprender un período histórico en el que el Estado reprimió y desapareció a 30.000 personas en todo el país.

El recorrido, se realiza por el casino de oficiales, uno de los 35 edificios del emblemático predio ubicado sobre Libertador, en el barrio porteño de Núñez, donde permanecieron cautivas, fueron torturadas, sometidas a trabajo esclavo y trasladadas para su eliminación, más de 5.000 personas durante todo el período que duró la dictadura.

"Este lugar es hoy un edificio vacío, monumento histórico y prueba material de las causas que investiga la justicia argentina contra los represores de la última dictadura militar (1976-1983)", informa antes de ingresar al casino de oficiales el guía Mariano Marracá.

Para precisar enseguida: "La información que conocemos de este centro sale del testimonio público de los sobrevivientes, lo que también permitió a la justicia condenar, en el marco de la mega causa Esma, a los primeros 15 represores de este centro clandestino, dependiente de la Marina".

En ese marco, el grupo de visitantes, integrado por empleados no docentes de la Universidad de Buenos Aires agrupados en APUBA, recordó a María Cristina Lennie, una trabajadora de la Facultad de Medicina, que estuvo secuestrada en ese centro clandestino.

A pedido de uno de los participantes del recorrido, todo el grupo le ofreció un cálido aplauso en el lugar llamado "capucha", un altillo en el que los secuestrados permanecían acostados o sentados, con los rostros tapados, esposados y con grilletes, en un espacio mínimo, separados uno de otro, por tabiques de madera.

Tras la visita, Celeste Abrevaya describió que "la función de los guías no es desarmar un discurso que se instaló en el sentido común durante 30 años, sino provocar interrogantes en torno a cuestiones como la teoría de los "dos demonios" o la teoría de las "víctimas inocentes".

La joven guía aseguró que al concepto de "terrorismo de Estado" se llega después de comprender la función del poder político en este plan sistemático y que son las preguntas, muchas veces de los más jóvenes, las que provocan las reflexiones más profundas.

Pablo Vialatte, otro de los guías del equipo, coincidió en que las preguntas más básicas como "para qué los secuestraban son disparadores eficaces para abrir una reflexión y construir entre todos esa verdad histórica que proponemos".

"El trabajo de memoria ayuda a entender que hubo un proyecto militante expresado de distintas formas por distintas organizaciones que fue combatido por otro proyecto económico y político", reflexionó el guía.

Para el guía Diego Bandieri, "no es que contamos la historia de lo ocurrido en el más grande centro clandestino de detención y exterminio del país, sino que somos parte de un ejercicio colectivo de memoria que funciona también como catalizador de otras voces".

"Quedo agotado con cada visista pero realizado. La visita es en sí un grupo que estrecha lazos por el lapso de tres horas. A su término, ese grupo deja de serlo, como tal. Pasan cosas fuertes durante el recorrido", sostuvo el guía, quien explicó que se disparan historias personales que él relaciona con lo que leyó y conceptualizó y que le sirven para una próxima visita.

Para Abrevaya, "es imposible no sentirse ligado en lo personal y en lo político" a la historia que dejó en el lugar "verdaderas marcas pero, justamente, la idea es ayudar a no quedarse en el horror por el horror mismo".

"Esta es mi historia, la historia de todos, la que no hay que olvidar", dijo conmovida una trabajadora de la Universidad de Buenos Aires, tras la visita guiada.

Alba Raposo contó que "mientras leía los carteles que señalaban los mínimos espacios de 75 centímetros, donde tenían a los desaparecidos, tomé real dimensión de lo que había ocurrido", dijo la mujer, que durante la dictadura militar fue obligada a renunciar a su trabajo en la Facultad de Ingeniería y también a dejar Buenos Aires.

Para Federico Alejandro Pattín, que trabaja y estudia en la Facultad de Economía de la UBA, la visita "ayuda a comprender y también a sentir".

"Sí, sentí bronca por momentos, y ahogo y encierro, sobre todo en el sector de la ´capucha´ -un lugar por dónde hoy seguramente se filtra otra luz-", señaló el joven de 24 años.

También María del Rosario Rodríguez, de la comisión directiva de APUBA, reflexionó que el lugar tiene "una vibración especial. Esto es historia. Esto sirve para tomar conciencia. Yo viví en esa época pero en una burbuja".

La ESMA fue el centro clandestino de detención y exterminio más grande del país, de 600 centros que hubo, y además el que funcionó durante el período completo que duró la última dictadura militar.

Desde el casino de oficiales y con el sostén del resto de las instalaciones, el grupo de tareas (G.T 3.3.2) creado en 1976, por el entonces almirante Emilio Massera, provocó la desarticulación de las organizaciones populares y la captura y desaparición de 5.000 personas.

En 2004, el predio fue recuperado por el ex presidente Néstor Kirchner para la reconstrucción colectiva de la memoria histórica.

Hoy funcionan allí el Archivo Nacional de la Memoria, el Espacio para la Memoria sobre el Terrorismo de Estado (edificio conocido como "cuarto columnas"), el Espacio cultural Nuestros Hijos (ECuNHi), La Casa de la Militancia. Hijos e Hijas por la Identidad y la Justicia (H.I.J.O.S.), el Centro Cultural de la Memoria "Haroldo Conti" y la Casa Nuestros Hijos. la Vida y la Esperanza, de Línea Fundadora, entre otros espacios.

Las visitas guiadas se realizan todos los días, con excepción de martes y domingos, para mayores de 16 años y hay que pedir turno al correo electrónico [email protected] o al teléfono 4704-7538.