Enemigos Íntimos
La confirmación como ministro de Defensa de la República Islámica de Irán Ahmud Vahidi, a quien le pesa una orden máxima de captura por Interpol, renovó ayer las críticas y los repudios en la comunidad judía argentina por la implicación del funcionario en el ataque terrorista que acabó con la vida de 85 personas el 18 de julio de 1994 en la sede de la Amia.
En un comunicado, la AMIA y la mencionada entidad recordaron con precisión que “Vahidi participó de la reunión celebrada en el mes de agosto de 1993 en Teherán, en la que los más altos funcionarios del gobierno iraní decidieron poner en marcha la ejecución del atentado, encomendándole a él personalmente la coordinación de todos los agentes intervinientes”.
Y agregó que “por todo ello, la designación (…) resulta una afrenta intolerable no sólo a la memoria de las víctimas, a sus deudos, y a toda la ciudadanía argentina, sino también a toda la Comunidad Internacional”.
A su vez, expresaron que “esperamos y exigimos el repudio generalizado a esta conducta llevada a cabo, una vez más, por fuera de los carriles de la legalidad”.
Finalmente, la AMIA y la Federación de Comunidades Judías Argentinas “apelan a las Naciones democráticas a retirarse del recinto toda vez que el Presidente de Irán haga uso de la palabra, en todo foro Internacional en el que se presente”.
En este mundo de intolerancias, la Argentina sufrió una de las que es un tabú: la intolerancia iraní, que puede llegar a ocultar las peores cosas, en aras de legítimos intereses defensivos y fundamentalistas.
Esa intolerancia es la que llevó al atentado de la Amia. Esa intolerancia confirmó como ministro de Defensa a uno de los principales implicados con ese ataque terrorista. Esa intolerancia permite que hoy siga la impunidad. Esa intolerancia retrasa la justicia. Porque el enemigo no es el fundamentalismo, sino la intolerancia.