Testigo confirmó como la policía secuestró a los estudiantes que fueron asesinados
Graciela Oliva, hermana de Carlos “Delfín” Oliva, uno de los tres estudiantes asesinados el 2 de Junio de 1976 relató como ese día Héctor Uzinker fue testigo de cómo dos móviles de la policía interceptaron el auto en el que iban además de Oliva, Ana María Villanueva y Jorge Manuel Diez, durante la tercera jornada del juicio a los integrantes del Comando Radioeléctrico en el marco de la causa por la que el Tribunal Oral Federal Número 2 (TOF2) juzga a tres ex integrantes del Comando Radioeléctrico por el fusilamiento de los tres militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP).
Oliva dijo durante su declaración que Huzinker llegó ese día a su departamento totalmente shokeado. Habían salido a la mañana muy temprano a buscar un mimeógrafo en el auto de Jorge Diez, un Fiat 128 azul. Al llegar a Villa Cabrera cuando estaban conversando Carlos reconoció a un agente del D2 que los identificó por lo que decidieron dispersarse; Héctor se dirigió a la parada del colectivo y Ana, Carlos y Jorge se fueron en el auto.
No alcanzaron a manejar mucho, cuando Huzinker vio desde la parada de colectivo cuando dos patrulleros de la policía interceptaron el auto. Ana, Carlos y Jorge se bajaron y comenzaron a correr atemorizados por la situación porque ya tenían antecedentes por su militancia universitaria.
Jorge Diez y Carlos Oliva habían estado detenidos durante quince días en la Dirección de Informaciones de la policía de la provincia de Córdoba, la temible D2, en julio de 1975. “Mi hermano salio muy golpeado de la D2” dijo Graciela durante su declaración en el juicio.
Esa fue la razón por la que los tres decidieron salir corriendo del auto cuando la policía los interceptó. Los agentes primero capturaron y metieron de los pelos a Ana y después a Jorge, mientras que a Carlos que se había aferrado con sus brazos a un poste de luz lo vio desplomarse después de oír un fuerte estruendo que pudo haber sido un golpe o un disparo que le aplicó un policía porque no podían hacer que se soltara.
Héctor Huzinker a pesar de estar profundamente shokeado al ser testigo de semejante hecho pudo llegar hasta la casa de Graciela donde lo relató lo que había sucedido. No obstante esto, tanto Héctor como Graciela conservaron la esperanza de que aún estuvieran vivos y por la tarde compararon el diario donde se encontraron con la extraña noticia del abatimiento de tres guerrilleros a manos de la policía provincial en un supuesto enfrentamiento.
“Compramos el diario de la tarde y salio que había un enfrentamiento con militantes del ERP que tenían panfletos lo que nos pareció raro porque ellos eran peronistas” aseguró Graciela en su testimonio ante el TOF 2.
Héctor Huzinker desapareció meses mas tarde, en diciembre de 1976 cuando a pesar que sus amigos le advierteran del peligro, viajó a Buenos Aires para presenciar una semifinal entre Talleres de Córdoba y River Plate en la cancha de Boca.
Cadáveres cambiados
Cuando la familia de Carlos Olivia fue notificada de su muerte, su padre fue hasta la morgue del Hospital San Roque a reconocer el cuerpo. Al llegar se encontró con que el cadáver que le querían entregar como el de su hijo en realidad pertenecía a Jorge Diez.
Al encontrarse con este cuadro, su padre le dijo a quien le estaba mostrando el cuerpo que no se lo iba a llevar porque no era el de su hijo. La respuesta de quien lo atendió en la morgue fue aún más traumática que la situación que estaban atravesando.
“Ahí le dijeron a mi papa que estaba nerviosos y que ese era el cadáver de su hijo, que se lo llevara” relató Graciela quien también tuvo que ir a identificar el cuerpo y se de igual manera se encontró con el cuerpo de Jorge. “Estaba dañado con golpes, estaba baleado, estaba en mal estado” aseguró.
La familia supuso que había habido un error en el que le habían entregado el cadáver de su hermano a la familia de Jorge Diez. Después de hablar con un sobrino de Jorge lograron la autorización para realizar el cambio de los cuerpos que se concretó después de hacer los tramites en el cementerio.
El Velatorio
El velorio se realizó con un cajón que se les entregó con la prohibición expresa de no abrirlo, uno de los tantos procedimientos que utilizaba la dictadura militar para intentar ocultar la evidencia de lo que había sucedido en realidad.
El cajón que normalmente se les entregaba a los familiares de las víctimas asesinadas en lo que las fuerzas militares y policiales denominaban “operativo ventilador” a través del cuál se fraguaba un supuesto enfrentamiento para ocultar los asesinatos y las masacres del poder de facto, estaba soldado y tenía en su parte frontal un vidrio para poder ver solo la parte superior del cadáver.
También era normal ante esta situación que muchas de las familias de las víctimas optaran por ignorar la advertencia y abrieran de todas formas el cajón, tal cuál lo hicieron los familiares de Carlos Oliva.
“Nos dijeron que no lo abriéramos pero lo abrimos igual. Tenia muy afectada la parte frontal, tenia como un tiro en la frente” relató Graciela durante su testimonio.
Años más tarde la familia decidió realizar un cambio de cajón por el tiempo transcurrido y cuando exhumaron el cadáver, en el cajón aparecieron una gran cantidad de plomos productos de la cantidad de disparos que Carlos recibió en su cuerpo.
En mayo de 1976 Graciela Oliva se casó y alquiló una casa en la que además vivían con Andrés Ramondegui. El 8 de Junio de ese mismo año cuando estaba llegando a su casa junto a su marido vio que en su domicilio los militares estaban realizando un allanamiento y decidieron no detenerse y continuar. Desde ese día nunca más volvió a ver a Ramondegui.
Ante estas circunstancias que vivían cada vez con mayor frecuencia Graciela junto a un grupo de veinte personas que tenían militancia universitaria y en consecuencia eran permanentemente perseguidos decidieron mudarse en Buenos Aires.
“Nos fuimos a Buenos Aires porque era imposible seguir en la ciudad, alla cada uno trato de hacer la vida que pudo, conseguimos trabajo porque todos abandonamos la facultad” concluyó Graciela su testimonio ante el TOF 2.
En esta causa se juzga por presunto delito de "privación ilegítima de la libertad agravada y homicidio calificado", a los ex policías Pedro Nolasco Bustos, Jorge Woroná y José Filiberto Olivieri, por el fusilamiento de Jorge Manuel Diez, Ana María Villanueva y Carlos Delfín Oliva, ocurridos el 2 de junio de 1976, durante la última dictadura cívico-militar.