Declaró el primer testigo en el juicio a ex policías por delitos de lesa humanidad

15/02/2012
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Se trata de Ángel Villanueva, único querellante en la causa. El proceso investiga a tres ex integrantes del Comando Radioeléctrico, acusados de fusilar a tres militantes de la JUP en 1976

Angel Villanueva, único querellante en la causa que se le sigue a tres ex integrantes del Comando Radioeléctrico por el fusilamiento de tres militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), ocurridos en 1976, fue el primer testigo en declarar hoy.

Durante su testimonio, el hermano de Ana María Villanueva, una de la víctimas, relató que cuando vio el cuerpo de su hermana, "tenía la cara destrozada" por un disparo de arma de fuego, al tiempo que aclaró que en su domicilio el cadáver fue entregado con "el cajón con el vidrio sellado".

Villanueva, visiblemente quebrado, recordó que con anterioridad, "personal policial o de alguna fuerza de seguridad, vinieron a mi casa para avisarnos de la muerte de mi hermana y nos dejaron una tarjeta de una empresa fúnebre para retirar el cuerpo".

Señaló que cuando su padre fue a la empresa "le dijeron que debía pedir autorización al III Cuerpo de Ejército para poder retirar el cuerpo de Ana".

Villanueva dijo que cuando su padre llegó a la dependencia militar "un oficial sacó un libro donde figuraban los nombres de las personas que habían muerto en enfrentamientos y le dice que mi hermana no estaba allí, pero lo mismo le dieron la orden".

Relató que posteriormente "fue a la morgue del hospital Córdoba, porque en la del San Roque le habían dicho que no tenían más lugar y allí es donde pudo ver los cuerpos de mi hermana y de Jorge" Diez, otra de las víctimas de la causa.

"Mi padre me dijo que Ana tenía un brazo totalmente dislocado, un disparo en la sien, y que tenía en la panza un gran hueco y hematomas en los brazos y Jorge tenía disparos en la cara", señaló.

Detalló que su padre le había manifestado que "por las marcas que tenía en la cara, el disparo había sido hecho a no más de 70 centímetros porque eso (las marcas) era producto de la pólvora", lo que demostraría que se le habría efectuado el denominado "tiro de gracia".

Recordó que cuando terminó de ver el cajón con el cuerpo de su hermana, "le dije a mi madre: hijos de puta a Ana la han tenido con vida".

Señaló que el día del entierro en un cementerio de la ciudad de Villa Allende en el Gran Córdoba, "vimos a gente que estaba con sobretodo y mi padre me dijo: no te preocupes, estos son esbirros mandados por (el represor Luciando Benjamín) Menéndez, para ver que no haya ningún compañero de ella", por su militancia en la Juventud Universitaria Peronista (JUP).

Villanueva recordó que durante el entierro él le dijo a su madre: "a estos asesinos los voy a encontrar, pasarán 10, 20 o 30 años, pero los voy a encontrar".

En otro momento de su relato, Villanueva señaló que algo que no entendía era el por qué "el bolso de Ana apareció en La Perla", otro de los centros clandestinos de detención y exterminio utilizado durante la última dictadura cívico-militar.

Previamente antes de comenzar con el primer testimonio, el abogado defensor, Benjamín Sonzini Astudillo, expresó el "repudio" por las amenazas de muerte que ayer recibió la familia Villanueva.

Posteriormente, uno de los imputados, Pedro Nolasco Bustos, leyó un escrito en el que rechazó los cargos que se le imputan y consideró que el procedimiento en el que fueron fusilados los tres militantes de la JUP "eran frecuentes en esa época" y lo  calificó como "clásico y correcto", en tanto que los otros dos acusados se abstuvieron de declarar.

El tribunal, integrado por los jueces José María Perez Villalobo, Carlos Lascano y Fabían Asis, dispuso pasar a un cuarto intermedio hasta mañana a las 9, donde continuará con su declaración Villanueva, y también harán lo propios los otros tres testigos previstos.

En esta causa se juzga por presunto delito de "privación ilegítima de la libertad agravada y homicidio calificado", a los ex policias Pedro Nolasco Bustos, Jorge Woroná y José Filiberto Olivieri, por el fusilamiento de Jorge Manuel Diez, Ana María Villanueva y Carlos Delfín Oliva, ocurridos el 2 de junio de 1976, durante la última dictadura militar.