Embajador de Venezuela destacó la rebelión de Chávez en el ‘92
El embajador de Venezuela en Argentina, Carlos Eduardo Martínez Mendoza, general retirado y compañero de promoción del actual presidente de su país, participó de la rebelión militar que encabezó Hugo Chávez el 4 de febrero de 1992, "legitimada por las mayorías inmediatamente", dijo, tras el agotamiento del sistema político y la explosión social del "Caracazo".
"Desde el punto de vista generacional (el 4 de febrero) para nosotros fue indudablemente un timbrazo. Yo venía regresando de Argentina, donde estudié tres años (en la Escuela Superior de Guerra del Ejército). Regresé en el 91. Y en Venezuela se veía el deterioro" de la situación, recordó Martínez en entrevista con Télam.
Ese deterioro "se profundiza mucho más a partir de que el presidente (Carlos Andrés) Pérez llega (nuevamente) al poder en el 88, y se cierra mucho más la camarilla (que conducía a las fuerzas armadas)", agrega.
El ahora embajador historia las causas de esa crisis en Venezuela, al decir que con la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez en 1958 "el movimiento popular esperaba que se abriese una democracia con mayor igualdad, lo que no ocurre".
Por el contrario, dijo, se genera "una dictadura de partidos con un modelo de alternabilidad (entre Acción Democrática y el socialcristiano Copei) hegemónico durante 40 años".
En ese período, recordó el ex secretario privado de Chávez, "se entregan las concesiones petroleras a trasnacionales inglesas y norteamericanas, lo que hizo al país mucho más dependiente y colonial" con un Estado con fuertes ingresos, pero más de la mitad de la población en la pobreza.
"El liderazgo militar que sustentaba a ese sistema político se convirtió en una élite privilegiada", afirmó Martínez, quien agregó que el presidente Pérez, en el 73 (su primer mandato), aparecía "con rasgos nacionalistas".
"Luego, Pérez traiciona su propia oferta de la campaña electoral (del 88) y desde el poder toma las medidas sociales y económicas que le imponía el Fondo Monetario Internacional (FMI)", dijo el embajador, lo que "produce una explosión social (el Caracazo de febrero de 1989)", sangrientamente reprimida, que deja miles de muertos.
Esto "termina por colapsar el modelo bipartidista de 1959 y surge un movimiento renovador en la juventud militar", destacó.
"Por eso, ese golpe de Estado (del 4 de febrero) es legitimado casi en forma inmediata por los sectores mayoritarios del país. Inclusive, por sectores que respondían a los partidos tradicionales, como Rafael Caldera, luego presidente socialcristiano", apuntó el general en retiro.
Agrega que "eso lo llevó (a Caldera), ante la carencia de legitimidad del presidente Pérez, a justificar en el Congreso la intentona golpista del 4 de febrero, y luego, en el 94, a otorgar la amnistía a Chávez y los sublevados".
Martínez afirmó que la "rebelión de la dignidad, como la llamó nuestro comandante, abre un nuevo proceso histórico, y le dio la posibilidad (a Chávez) de acceder al poder por vía democrática el 2 de febrero de 1999, tras un triunfo electoral abrumador, que significó legalizar aquel 4 de febrero (del 92)".
Chávez es detenido luego de la asonada y, según Martínez, "el más grande error que cometieron (sus oponentes) fue darle televisión para tratar de debilitarlo", porque lanzó su famoso "por ahora no se han cumplido los objetivos, y causó un profundo impacto en la sociedad venezolana".
"Yo era de la misma promoción que Chávez y comandante de una unidad militar en el estado de Táchira, fronterizo con Colombia. Desconocía que ese día iba a producirse el golpe, aunque sabía del movimiento (en gestación)", recordó.
Añadió que "mi unidad no participa, sin embargo me buscan, soy detenido, y a los cinco días, el 9, fui destituido".
Según el ahora embajador, el período desde la amnistía del 94 hasta el triunfo electoral del 98 y la asunción de Chávez en el 99, "fueron años difíciles".
Recordó que la cúpula militar "estaba pendiente del tema electoral y buscaba salidas: desconocer las elecciones si ganaba Chávez o decir que habían sido fraudulentas".
Pero agregó que "la realidad fue que la mayoría del personal militar y quienes tenían mandos medios, fueron capaces de decir, con mucha dignidad, que `si Chávez gana por un voto es presidente de Venezuela`"
"Ese fue un elemento que, a mi criterio, coartó los movimientos insurreccionales de la cúpula militar para tratar de parar el acceso de Chávez a la presidencia", destacó.
El embajador señaló luego que Chávez, sin embargo, al asumir el gobierno decidió no descabezar aquella "cúpula residual".
"Tuvo la nobleza y la visión política, aún asumiendo mayores riesgos, de dejar que las cosas se dieran con el natural relevo generacional", dijo.
Por eso se produjo el golpe del 11 de abril (del 2002) contra Chávez, afirmó, que "nace de generales remanentes de la estructura militar que había mandado en los años 98 y 99", pero tuvo la virtud de permitir depurar esa cúpula, recuperar la petrolera PDVSA de una tecnocracia que respondía a intereses foráneos, y demostrar el respaldo social" del gobierno.