Vencedor Vencido
Desde las elecciones legislativas de 1916 donde Julio A. Roca, hijo del General homónimo, que se imponía en las elecciones legislativas encabezando la listas de la Unión Cívica Radical en 1916 accedía a un escaño en la Cámara Baja del Congreso de la Nación, ningún partido por fuera de las estructuras tradicionales había logrado jamás imponerse en una elección provincial hasta el domingo pasado.
Fue el 28 de Junio de 2009 cuando el Frente Cívico y Social conducido por Luis Juez logró imponerse por primera vez a las dos estructuras preponderantes en la provincia, la Unión Cívica Radical y el Partido Justicialista.
Sucedió por un escaso margen de menos de cuatro puntos sobre la Unión Cívica Radical que a su vez, resurgió en esta elección luego de años de ostrasicimo a los que el electorado la sometió después de gruesos errores en el gobierno pero con la memoria de las grandes conquistas producidas tras el retorno de la democracia en 1983.
Luis Juez, quien se instaló en la opinión pública de Córdoba luego de que el gobierno de José Manuel De la Sota lo echara de su cargo de Fiscal Anticorrupción por intentar llevar adelante investigaciones por las denuncias que aparecían públicamente en contra de los funcionarios oficialistas.
Tras este hecho Juez apareció en todos los medios provinciales como la antítesis de estos hechos que se le achacaban al gobierno provincial y comenzó a ganar consideración popular, tanta que hasta se animó armar un partido para presentarse como candidato a intendente en las próximas elecciones.
“Fue una idea que surgió, solo para molestar”, aseguraba Juez. Pero la molestia se transformó en realidad y el 10 de diciembre de 2003 asumió la intendencia de la ciudad de Córdoba con un amplio apoyo popular.
Tuvo que sortear muchos problemas heredados de su antecesor Germán Kamerath y otros generados por su propia falta de conocimiento, recursos humanos y experiencia. Se enredó muchas veces en sus propias contradicciones, se despegó de su pasado y supo imponerse como alternativa presente y futura, aún con las mismas contradicciones.
A pesar de sus errores e incapacidades en la gestión, el cordobés capitalino valoró más su posición frente a la pelea constante con el entonces gobernador De la Sota y su afinidad con el hombre “común”, por su forma de hablar, de decir y de contar.
Tanta afinidad que en 2007 el voto de la capital y de las zonas del Gran Córdoba casi lo depositan en la gobernación de la provincia, elección que perdió por menos de dos puntos y marcó a fuego la historia política de Córdoba tras su posterior denuncia de un supuesto fraude electoral que no encontró más asidero que la propia sospecha que supo sembrar e instalar en el inconsciente colectivo, viendo un complot de todos los sectores políticos, económicos y jurídicos para evitar su llegada al poder.
Luego, fuera del poder, vino la pelea con su sucesor, Daniel Giacomino y la evidencia de las consecuencias de aquel gobierno municipal de 2003 al que llegó “solo para molestar” y que terminaron por poner en riesgo su triunfo electoral en las últimas legislativas, triunfo que lo deposita en la historia provincial como el primer partido por fuera de las estructuras políticas tradicionales que logra imponerse en una contienda electoral.
Si bien es lógico decir que cabalgando en el caballo de sus propias contradicciones hasta ahora le han bastado, también es lógico decir que lo han limitado. En una elección que 30 días antes lo tenían como ganador por más de veinte puntos, terminó a poco más de tres.
Y esta situación no la provocó nadie más que él propio Juez. Tras un fallido intento de alianza con la UCR, a quien antes, acusó de garantizar el resultado de aquella supuesta elección fraudulenta, sumado a los inevitables conflictos municipales derivados de su gestión, no hicieron otra cosa que despertar en Córdoba el tradicional voto radical.
Hoy la “molestia” que lo llevó a gobernar la ciudad, persigue sus aciertos y despertaron al gigante dormido que siempre tuvo la capital. Los radicales. A los que denostó, acusó y luego intentó aliarse para luego volver a denostar, están otra vez en la consideración popular.
Todo, producto de sus actos, de sus modos, de sus formas y de contenidos que lo llevaron a meterse en la historia de Córdoba como un gran e histórico Vencedor pero que lo están llevando inevitablemente a transformarse por mérito propio en Vencido.