Trinidad más crisis
Más de 1.000 millones de personas, casi una sexta parte de la humanidad, padecen hambre debido, en gran medida, a la crisis económica mundial y a los precios elevados de los alimentos.
El número de hambrientos, aquellos que consumen menos de 1.800 calorías diarias, superó al del año pasado en unos 100 millones.
El director general de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Jacques Diouf, dijo que la crisis del hambre genera "graves riesgos para la paz y seguridad del mundo".
La FAO, con sede en Roma, sostuvo en el informe divulgado que casi todos los desnutridos viven en países en desarrollo. El número de hambrientos es de 642 millones en Asia y el Pacífico y 265 millones en el África subsahariana.
En América latina y el Caribe se registraron 53 millones de personas con hambre, un aumento del 12,8 por ciento con respecto al año anterior.
La crisis económica mundial ha agravado el problema para las personas que enfrentan la pérdida de empleos o reducciones salariales. Algunos países también han perdido flexibilidad en el manejo de las fluctuaciones de precios, debido a que la crisis ha restado efectividad a recursos como las divisas, que se han devaluado.
La crisis afecta también la calidad de la nutrición, ya que las familias tienden a comprar alimentos más baratos, como granos, que son ricos en calorías, pero que tienen menos proteínas que la carne o los productos lácteos.
La trinidad de maldad, constituída por las guerras, las hambrunas y las pestes, ha provocado, desde la génesis del hombre, innumerables muertes que hoy se agravan y duplican por la crisis internacional.
Todas juntas son como un azote, iguales en su poder devastador y su siniestra universalidad, enraizadas en un mercado que no hace nada para revertir la situación porque el eje es el beneficio de unos pocos.