Víctimas de la Sotana Castradora
El padre Alberto Cutié, un cura conocido por sus programas de radio y televisión, fue sorprendido besando y acariciando a su presunta amante en una playa de Miami.
La revista de farándula TVnotas USA asegura que captó a Cutié, de origen cubano nacido en Puerto Rico, en tres ocasiones con la mujer y que publicará ocho páginas con 25 fotografías del encuentro del sacerdote católico, en su edición de esta semana.
"Fue captado abrazando, besando e introduciendo su mano dentro de la parte baja del bikini de una mujer en una de las playas de Miami", indicó la revista en un comunicado enviado a Efe.
La primera vez que capturaron al sacerdote fue en la terraza de un bar, frente a otros clientes, y en la segunda ocasión estaba cargando a la mujer "a caballito y en evidente actitud romántica", una madrugada ante la mirada de unas personas.
En la tercera oportunidad fue capturado en una playa pública, que no fue identificada por la publicación, "ambos en traje de baño, acariciándose abiertamente en momentos, y en otros, haciéndolo bajo una toalla".
"En todas estas ocasiones, el sacerdote abrazó a la mujer y le dio apasionados besos en la boca", reveló TVnotas USA, una publicación de Maya Publishing Group, con sede en Miami.
Cada vez son más frecuentes las noticias que tienen como protagonistas a sacerdotes que parecieran decidir dejar a un lado el celibato, para llevar una vida como cualquier hombre, pues parece no importarles ser captados por la lente de un fotógrafo, ni que salga a la luz los hijos concebidos siendo hombres del Señor.
Sería óptimo que la frecuencia de estos hechos marquen el fin de una era donde la represión sexual sólo es el causal de traumas psicológicos en los hombres que decidieron llevar una vida religiosa, que desemboca muchas veces en aberraciones como abusos sexuales y violaciones.
El celibato y la castidad no impiden de ninguna manera la entrega a Dios por parte de los sacerdotes, al contrario, una vida sexual normal llevaría a una dedicación más sincera, pura y relajada hacia el prójimo y hacia el Señor y se evitaría la pesadumbre de los a veces victimarios, y siempre víctimas de su sotana castradora.