Apocalypto
El gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, le otorgó al ex presidente de la República Oriental del Uruguay, Julio María Sanguinetti, la distinción "Juan Bautista Bustos", en una cena homenaje realizada anoche en el Museo Superior de Bellas Artes Evita Palacio Ferreyra.
En sus palabras de bienvenida al ex presidente uruguayo, el mandatario cordobés expresó: "Es un honor para todos los cordobeses que hoy nos visite y que haya dado esa maravillosa conferencia. Yo lo conocí en su segunda presidencia y sé de la importancia que usted ha tenido en el Uruguay, donde fue el presidente más votado".
"Este reconocimiento es a vuestro mérito, trayectoria y a sus valores. Y como hermanos que somos argentinos y uruguayos y con todo el sentimiento que nos une entre cordobeses y uruguayos es que queremos entregarle esta distinción que es un homenaje que le hacemos a los visitantes ilustres y destacados como usted", agregó el gobernador.
Por otro lado, la concejal del FCyS Teresa Saravia reprobó el homenaje al ex presidente uruguayo por su conocida ideología anti indígena.
Específicamente, la concejal recordó la reacción de Sanguinetti contra la reivindicación de los charrúas el pasado 19 de abril en Montevido, al conmemorarse el “Día del Aborigen Americano”.
En esa oportunidad, Sanguinetti afirmó que “no hemos heredado de ese pueblo primitivo ni una palabra de su precario idioma, ni aún un recuerdo benévolo de nuestros mayores, españoles, criollos, jesuitas o militares, que invariablemente los describieron como sus enemigos, en un choque que duro más de dos siglos y los enfrento a la sociedad hispanocriolla que sacrificadamente intentaba asentar familias y modo de producción, para incorporase a la civilización occidental a la que pertenecemos”.
Ante tales declaraciones, Saravia parafraseó e infirió que “quizás quiso decir Sanguinetti que los salvajes indios se suicidaron para no dejar herencia cultural”.
Asimismo, la concejal oficialista recogió un fragmento que sobre Sanguinetti dijo el escritor uruguayo Jorge Majfud: “Julio María Sanguinetti el ex presidente que tantas veces se puso la bandera de haber asegurado la paz de Uruguay negociando la impunidad de secuestradores y torturadores del Estado Militar”.
El escritor continúa diciendo que “América Latina, siempre mendigando derechos, entiende que el Genocidio Charrúa fue realizado por magníficos esfuerzos de tantos patriotas para consolidar la paz y abrir las rutas del progreso. La Paz de los cementerios y del olvido. Reconocer los crímenes de nuestra historia no nos hace peores países. Defender semejantes crímenes contra la humanidad nos hace partícipes. Y si fuimos presidentes, nos hace por lo menos, sospechosos”.
El descontento de Saravia radica en su militancia, desde su juventud, en la defensa de la revalorización de la cultura de los Pueblos Originarios y su lucha de más de 516 años.
Por ello, enfatizó que “tengo la obligación ante mis hermanos charrúas, comechigones y de todos los Pueblos Originarios de por lo menos decir que no por el solo hecho de haber sido gobernantes tenemos los cordobeses que homenajearlos y premiarlos. Ya demasiado conque le abramos la puerta”.
Asistieron a la ceremonia conmemorativa, entre otras autoridades, la secretaria de Inclusión Social, Alejandra Vigo, el intendente de la ciudad de Córdoba, Daniel Giacomino, la presidente del Superior Tribunal de Justicia, Aída Tarditti, el Cónsul General de Uruguay, Carlos Castells Montero, ministros y secretarios de Estado.
Por último y como signo de eterna hermandad y amistad entre los pueblos, el gobernador le obsequió un cuadro de Cerrito, artista plástico italiano radicado en Córdoba.
Un pueblo que pierde su cultura propia pierde su identidad, esos rasgos que lo convierten en quién es y lo diferencian del otro. Un pueblo sin su cultura y sin su identidad pierde todo, y cae en un limbo del cual es casi imposible salir.
Los pueblos originarios de Latinoamérica han sentido esa pérdida a través de su propia sangre y en su propia memoria. El genocidio, la discriminación, la esclavitud, la exclusión, el olvido, la presión aculturadora, las deportaciones forzadas, son algunas de las tantas otras aberraciones que padecieron y padecen.
Muchos de ellos desaparecieron para siempre y no son más que una sombra en el recuerdo o algún artefacto en los museos. Otros sobrevivieron físicamente pero tuvieron que olvidar quiénes eran para continuar su camino en una sociedad que les negaba sistemáticamente el derecho a ser ellos mismos.