Son argentinas
Al conmemorarse 27 años de la absurda Guerra de Malvinas, ideada por el nefasto Emilio Massera y sus secuaces, se rindió homenaje a un grupo de sobrevivientes en la Legislatura de Córdoba.
El legislador oficialista Mario Vásquez fue el encargado de iniciar el tributo y expresó que “a 27 años de esta injusta contienda es deber de homenajear a quiénes debieron superar la adversidad de una guerra para la cual no estaban debidamente preparados ni militar ni psicológicamente, poniendo todo de sí para defender la soberanía de nuestra nación sobre las islas Malvinas”.
A continuación, la legisladora del Frente Cívico y Social Esmeralda Rodriguez, exigió tomar a este día clave en la historia argentina como “un ejercicio de memoria, que se abra en la conciencia social y resuelva cuestiones aún pendientes”.
Agregó que “valorar a los veteranos y caídos en la guerra de Malvinas implica tomar medidas reales que van mucho más allá de los homenajes que puedan rendírseles año a año. Implica proporcionarles a los sobrevivientes y a sus familiares la atención médica y psicológica adecuada por las consecuencias que la fatalidad arroja en la vida de las personas”.
Posteriormente, se procedió a la entrega de una plaqueta y un diploma a los sobrevivientes de la incoherente contienda que concluyó con centenares de caídos que se sumaban a las miles de víctimas asesinadas-desaparecidas por el funesto Proceso de Reorganización Nacional.
Los homenajeados fueron: Sergio Dell’orsi, Carlos Flores, Orlando Ledesma, Juan Enrique Maidana, Federico Sosa, Héctor Suárez, Jorge Valles, Emilio Calviño, Marcelo Lopez, Raúl Ochoa y Gabriel Ángel Castro.
El 2 de abril de 1982, alrededor de cinco mil efectivos al mando del general Mario Benjamín Menéndez desembarcaron en Puerto Stanley, capital de las Islas Malvinas. A partir de entonces y durante setenta y cuatro días se desató uno de los hechos más ilógicos de nuestra historia: la Guerra de Malvinas.
Mediante este conflicto bélico el gobierno de facto continuó desbastando generaciones, para lograr sus más oscuros objetivos. En este caso, perseguían perpetuarse en el poder.
Para ello, se decidieron recuperar nuestras islas a través de las armas, inundados por una escasa visión política internacional, sin tener el más mínimo sentido de previsión en cuanto a la formación de nuestros soldados y con la ilusión de que Estados Unidos abandone a su aliado histórico, Gran Bretaña. Ideas como éstas sólo pudieron ser albergadas por un cerebro inundado de alcohol. Y así nos fue.
La Guerra de Malvinas golpeó duramente al país, a los argentinos que vivían en él, a los exiliados y originó muchas polémicas en todos los sectores.
Dentro de las causas internas que provocaron un innecesario derramamiento de sangre y agrandó la herida abierta ante el dolor de las desapariciones de miles de personas, se incluye la decadencia de un gobierno represor que fracasó política, económica y socialmente.
Por otro lado, las causas externas fueron el fiel reflejo de los intereses de las grandes potencias de continuar colonizando especialmente las tierras del sur.
Es cierto, las Malvinas son argentinas. Pero bajo ningún punto de vista la reivindicación de la soberanía de nuestro país sobre las islas, comprobado geográfica e históricamente, se podrá ligar al accionar de la Junta Militar por el mero hecho de haberlas ocupado e izado en ellas y por un lapso, la bandera argentina, llevándose consigo, una vez más, la vida de cientos de jóvenes.