Imagine
La presidenta Cristina Fernández de Kirchner afirmó ayer al anunciar distintas obras de infraestructura para San Fernando que "me enorgullezco de formar parte de un gobierno que nunca envió un proyecto de ley al Congreso para quitarle algo a los argentinos".
"Los argentinos queremos vivir en paz y en democracia y respetando los derechos del otro. Cuando esos derechos son violentados por quienes no sufrieron lo que sufrieron otros, entonces el imperativo democrático es ya de carácter ético y moral", aseveró Cristina.
De esta forma la mandataria aludió al conflicto del campo que enfrenta al gobierno y a este sector hace más de un año cuando el entonces ministro de Economía Martín Lousteau intentó aplicar la resolución 125 que establecía la movilidad en las retensiones.
A partir de este punto a hoy el campo a través de sus representantes han ido mucho más allá de una mera protesta por los derechos agrarios transformándose en cuestionamientos y movimientos políticos desestabilizadores, como es tradicional en nuestro país.
Frente a los propios desaciertos del gobierno en torno a este tema que además desnudaron otras falencias, hicieron que la ciudadanía apoyara en un principio el reclamo del agro logrando imponer un sentimiento de división en el país tan grande que amenazó por momentos la convivencia social.
Pese a todo este escenario, Cristina Fernández soportó adversidades políticas, como el rechazo en el Senado de la resolución 125 que hubieran hecho tambalear a cualquier gobierno, el descrédito social, las innumerables descalificaciones hacia su persona para siempre optar, coherentemente, por el camino democrático.
Y este es el único transitable, muy a pesar de los actores que se esconden y manipulan un conflicto social para intentar apoderarse de los recursos que hace dos siglos manejan en detrimento del país.
Haciendo un ejercicio de memoria, ejerciendo un espíritu crítico y escuchando atentamente el discurso del agro, tan solo por un momento, imaginemos el escenario inverso.