Horror
El revelador testimonio de un militar que detalla cómo ultimaban a sus víctimas durante la dictadura militar, fue introducido hoy por el tribunal al Oral Federal de San Luis, que juzga a cinco represores por crímenes de lesa humanidad y que considera clave ese relato para determinar como funcionaba el aparato represor.
Bruno Laborda que integraba el III Cuerpo de Ejército en Córdoba en esa época presentó un documento con declaraciones que demuestran con crudeza los operativos que utilizaban los represores durante la dictadura militar y cómo capturaban, asesinaban y enterraban a sus victimas.
El relato de Laborda revela, por ejemplo, como asesinaron a una persona "arrodillada y con los ojos vendados" o como "mataron, quemaron y luego enterraron el cuerpo de una mujer que había dado a luz hacía dos días".
Laborda relató las órdenes que le tocó cumplir en la denominada “guerra contra la subversión” y el papel que cumplió cada uno en esos días, hablando de un plan sistemático para el aniquilamiento físico de los "juzgados y condenados no sé por quien".
"Todos los oficiales suboficiales egresados en esa época fuimos instruidos y educados de acuerdo a las difíciles circunstancias que vivía nuestro país, azotado por el flagelo del terrorismo subversivo. Fui nutrido de vastos conocimientos y entrenado adecuadamente para poder enfrentar con éxito todas las acciones, que a tal efecto se hacían para la eliminación total de dicha amenaza", señala el documento del militar.
Laborda agregó que "esa formación como soldado la fui adquiriendo mediante principios y valores propios de la época". Y comentó al respecto "la reiterada idea expuesta y pregonada por un entonces imitado y recordado oficial instructor de la Batería A del CMN, que decía: al subversivo hay que matarlo, pero no solo a él, sino también a sus hijos, para que no puedan vengarse, y así otras tantas, que en forma reiterada se nos inculcaba con la finalidad de que en nuestro futuro desempeño en las unidades fuese eficiente y motivado".
Sostuvo que "fue como a partir de enero de 1977, siendo un recién egresado subteniente, comencé a participar activamente en la lucha contra las denominadas “bandas de delincuentes terroristas”, “la subversión apátrida”, o el “terrorismo marxista”.
Añadió que "ese mismo año fue cuando me tocó intervenir activamente en la eliminación física de un guerrillero acusado y condenado -nunca supe por quien- por la participación directa en el hecho ocurrido un año atrás, donde como consecuencia de una emboscada a un vehículo militar de nuestro batallón, se produjo el cobarde y artero asesinato del cabo 1 Bulacio, joven suboficial que revistaba en la Unidad".
Destacó que "con la presencia del Jefe de batallón, el entonces teniente coronel Dopazo, la plana mayor, Jefes de Compañía y Oficiales, dimos muerte al supuesto asesino y terrorista, en el campo de la Guarnición Militar Córdoba, en proximidad de la “Mezquita”, lugar que con el tiempo se convertiría en el cementerio anónimo de la subversión".
Reveló que "más de 30 balazos de FAL sirvieron para destrozar el cuerpo de un hombre que arrodillado y con los ojos vendados, escuchó con resignación las últimas palabras de nuestro jefe, pidiéndole que encomendara su alma a Dios".
Relató que "posteriormente, los oficiales más modernos arrojamos sus despojos a un pozo, que previamente hiciéramos a pico y pala, procediendo después a la quema del mismo. Luego lo enterramos y disimulamos el lugar, de modo tal que este no pudiera ser encontrado jamás".
También indicó que "durante el transcurso del año 1978, fui comisionado junto a otro oficial recién egresado para trasladar en una ambulancia militar, a una mujer desde el Hospital Militar de Córdoba hasta el campo de la Guarnición Militar".
Laborda agregó que la mujer "de la cual nunca supe su identidad, había tenido familia un día antes en el mencionado nosocomio y que por su activa participación en una de esas bandas terroristas (Montoneros), fue condenada a muerte debido a su probado accionar en actos de sabotaje en el desarrollo del Campeonato Mundial de Fútbol 78".
Afirmó que "su traslado al campo de fusilamiento de la guarnición fue lo más traumático que me tocó sentir en mi vida. La desesperación, el llanto continuo, el hedor propio de la adrenalina que emana de aquellos que presienten su final, sus gritos desesperados implorando que si realmente éramos cristianos, le juráramos que no la íbamos a matar, fue lo más patético, angustiante y triste que sentí en mi vida y que jamás pude olvidar".
Contó además, que "nuevamente y a ordenes del jefe de la unidad, el entonces teniente coronel Solari y todos los oficiales designados, procedimos a fusilar a esta terrorista, que arrodillada y con los ojos vendados recibió el impacto de más de 20 balazos de distintos calibres".
"Su sangre, a pesar de la distancia, nos salpicó a todos. Luego siguió el rito de la quema del cadáver, el olor insoportable de la carne quemada y la sepultura disimulada propia de un animal infectado", expresa el militar, que destacó que "nunca supe del destino del niño o niña, que un día antes de la muerte de su madre, naciera en el Hospital Militar Córdoba".
En este documento, Laborda relató asimismo la muerte de otros detenidos que fueron fusilados y hechos aparecer como muertos en enfrentamientos.
La querella pidió que se incorpore este testimonio al juicio, ya que se lo considera clave para mostrar como funcionaba el aparato represor en aquellos años y la sistematicidad de los asesinatos y desapariciones, y que se trataba de un programa que estaba vigente en todo el país y que los crímenes obedecían a una planificación.
En esta presentación se solicitó a la Junta de Calificación de Oficiales, para que aplique "en la revalorización de los nuevos elementos de juicio a exponer por dicente, los mismos criterios adoptados con respecto a la valorización hecha sobre la sanción disciplinaria de 15 días de arresto impuesta al suscripto en el grado de Mayor".
Como es de conocimiento de esa junta, "el suscripto egresó del Colegio Militar de la Nación (CMN) en diciembre de 1976, siendo destinado a prestar servicios en el entonces Batallón de Comunicaciones Comando 141, en la ciudad de Córdoba".
El tribunal entiende en el juicio oral por el secuestro y asesinato de Graciela Fiochetti, las desapariciones de Pedro Valentín Ledesma y de Sandro Santana Alcaráz y las torturas de Víctor Fernández.
Por dichos casos están imputados el ex subjefe de la policía puntana, el ex capitán del Ejército Carlos Esteban Plá; el ex coronel Miguel Fernández Gez, ex jefe de la Guarnición Militar San Luis; el ex comisario David Becerra; el ex subcomisario Juan Carlos Pérez, y el ex cabo Luis Orozco, miembros de Investigaciones de la policía provincial, en aquella época.
Un sexto acusado, el ex mayor del Ejército Carlos Alberto Franco, quien fue jefe de la policía provincial durante la dictadura, murió hace poco, mientras cumplía arresto domiciliario en Buenos Aires.
En el 2004 a Laborda le negaron el ascenso, presuntamente por un arresto que sufrió durante su carrera militar, cuando era mayor.
El militar, el 10 de mayo de 2004, hizo una presentación ante el Jefe del Estado Mayor, argumentando que en sus 30 años de servicio, "he acatado las resoluciones de la superioridad sin otro espíritu que no sea el bien del servicio".