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El presidente uruguayo, vetará el lunes la polémica ley votada por el Congreso que despenaliza el aborto en las 12 primeras semanas de gestación, según lo afirmó a una radio local
El Senado dio ayer la sanción final a la iniciativa presentada por legisladores de la gobernante izquierda, pero que ya contaba con la amenaza presidencial de aplicar un veto a los capítulos de la ley que permitieran el aborto.
Según la radio El Espectador, de Montevideo, Vázquez pedirá a sus ministros en la reunión semanal con su gabinete que firmen el veto, y pese a que varios de ellos apoyan la ley cederán a la solicitud del mandatario. "Si no acepto me tengo que ir a mi casa", dijo uno de los ministros.
Si la ley fuera promulgada por el Poder Ejecutivo, Uruguay sería el primer país de América del Sur en despenalizar el procedimiento. Vázquez, un oncólogo, dijo poco tiempo después de asumir en 2005 que por razones científicas y éticas no está de acuerdo con la práctica del aborto.
Vetar la ley es una atribución del presidente uruguayo, otorgado en la constitución. Habrá que preguntarle a este gobernante que se dice de izquierda o del ala progresista, en pleno siglo XXI, cuando dejará que sea su pueblo quien decida libremente si está de acuerdo o no con el aborto, gozando así de plenas libertades individuales de elección.
Claro que la respuesta es obvia, teniendo en cuenta que se trata del mismo que permitió la instalación de las papeleras más contaminantes del mundo. Y ellas sí tienen, sin límite de edad, licencia para matar.