Desgarrador
En una nueva jornada del juicio a ocho represores, declararon ex conscriptos que aportaron datos acerca del funcionamiento del centro clandestino de detención "La Escuelita" de Neuquén y un ex prisionero, quien relató con crudeza las torturas y palizas que sufrió durante su cautiverio en ese lugar en 1976.Se trata de Rubén Obeid que fue secuestrado en un colectivo mientras viajaba de su trabajo en la ex empresa Hidronor de Cipolletti, en Río Negro, hacia su casa ubicada en la pequeña población de Barda del medio. Su detención se produjo en octubre de 1976, permaneció en "La Escuelita" dos semanas, estuvo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional casi tres años en la cárcel de Rawson hasta que en 1979 pudo exiliarse en Suecia donde reside en la actualidad.
"El efecto que produce la electricidad en el cuerpo no lo puedo describir. Me desnudaron, me esposaron a una especie de cama dura, me ataron de pies y manos y me aplicaron la picana", relató Obeid al Tribunal y recordó: “yo quería saber por qué me interrogaban de esa manera y explicarles lo que hacía. Lo único que me decían es que las preguntas las hacemos nosotros”.
En su relato sostuvo que llegó a pensar después de varias sesiones de tormentos que "lo hacían por la tortura misma. Había como un ensañamiento. Un día me dieron de comer dulce de membrillo con agua. Qué rico que estaba, pero después me llevaron a una nueva sesión de electricidad, creo que fue la última vez que pedí agua".
Precisó que "uno pierde la noción del tiempo. No sabe si es de día o de noche por la venda en los ojos. No puedo decir si defecaba u orinaba en el baño o en el lugar que estaba porque recordaba cuándo entraba a las sesiones de tortura pero nunca cuándo salía".
"Otro día me dieron una paliza con un cinto. A veces paraban igual que con la picana, pero siempre escuchaba otra voz que decía, dale, dale...", continúo.
Obeid dijo que "su secuestro le produjo dos decepciones. La primera fue saber que lo tenía el Ejército. Me crié en el ejército porque mi familia tenía muchos amigos en San Martín de los Andes donde nací, y la otra fue cuando conocí a un capellán en la cárcel de Rawson que informaba quién de los presos no iba a la misa para que los castiguen".
También dijo que "cuando lo interrogaban le pedían información de personas que él conocía, pero en una oportunidad me pedían mi nombre de guerra. ¿Qué nombre de guerra?: si lo hubiera tenido seguro se los decía porque ahí, con la picana, uno canta hasta el himno en jerinogozo".
Su ex esposa, Cristina Vega relató las gestiones realizadas ante autoridades del Ejército para saber qué había sucedido y dónde lo tenían detenido. Mantuvo reuniones con dos de los imputados en este juicio, el ex Jefe de Inteligencia del Comando, Oscar Reinhold y el ex Jefe de Personal del Comando Alberto Farías Barrera. "Ellos me dijeron que lo tenían" pero nunca me daban información acerca del lugar dónde estaba".
Describió a Reinhold como "un hombre de una mirada muy fuerte. Me daba miedo, aún hoy lo recuerdo y sigo sintiendo miedo. Me atendió sentado detrás de un escritorio. Yo tenía pánico. Me sentía un mosquito y sentía que en cualquier momento me pisaba".
Conscriptos
Ex suboficiales del Ejército declararon hoy que sabían de la existencia del ex centro clandestino de detención "La Escuelita" de Neuquén y aunque señalaron que tenían prohibido acercarse al lugar, pudieron aportar datos que comprometen a los ocho represores juzgados por delitos de lesa humanidad ocurridos en la última dictadura.
Manuel Caparros relató que en 1976 cumplió guardias en el perímetro externo de "La Escuelita" y aseguró haber visto personas que eran trasladadas encapuchadas en vehículos militares y otras que estaban encadenadas cuando eran retiradas del lugar.
Coincidió con otros testigos militares al señalar que la comida para los guardias de "La Escuelita" era traída desde el comedor del batallón y que en ese sector personal de civil que identificó perteneciente al área de inteligencia circulaba libremente hacia y desde el centro clandestino de detención.
Antonio Guiñazu, otro ex suboficial del Ejército, cuestionó la forma en que "los de Inteligencia se manejaban dentro del cuartel". Aseguró que "se creían seres superiores por la forma en que actuaban. Nos trataban como si fuéramos trapos con piojos".
El ex encargado del Casino de Suboficiales del Batallón militar, Omar Cortari, informó que era habitual que el ex Jefe de Inteligencia del Comando de la Sexta Brigada e imputado en esta causa, Oscar Reinhold, visitara el cuartel.
El ex suboficial Daniel Guzmán era encargado del parque automotor del batallón en 1976 y afirmó que "siempre nos daban las órdenes de tener listos los vehículos para cuando había operativos, allanamientos o controles de ruta". También se refirió a la presencia de personal de inteligencia en la unidad militar y de suboficiales del interior de la provincia que cumplían guardias. Afirmó además, que integrantes de la compañía "B" de operaciones del batallón y de Inteligencia trabajaban en conjunto.