Testigo vinculó a Primatesta con la represión
Tabares prestó ayer testimonio en el marco del juicio que se le sigue en el Tribunal Oral Federal número 1 (TOF1), a los represores, Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamín Menéndez, junto a otros 29 acusados de cometer delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar.
Recordó que su marido, Nelo Antonio Gasparini, "en 1976 cuando el golpe, él iba a su trabajo en la fábrica LIA, y sus compañeros le avisan unas cuadras antes que lo esperaban en la fabrica para detenerlo y que formaba parte de una lista de personas para detener".
Indicó que "al saber esto se vuelve, y a partir del 24 de marzo a la madrugada que lo van a buscar al trabajo pasa a la clandestinidad y a los pocos meses va a Buenos Aires a vivir. Teníamos una hija de 4 años".
"Yo continúo trabajando en Córdoba -añadió-, y lo vamos a visitar en dos o tres oportunidades y la última vez que lo vemos es en Semana Santa de abril de 1977".
Tobares recordó que cuando regresaba a Córdoba su marido "se tenía que comunicar telefónicamente conmigo para saber como habíamos llegado pero pasó esa semana y no me llamó y comenzó el calvario".
Tobares sostuvo que recién tuvo noticias de su marido "a través de un diario local, donde decía que 16 subversivos fueron abatidos en Monte Grande al haberse resistido a un allanamiento, y así me entero que mi marido había sido abatido", aunque nunca le entregaron el cadáver ni pudo reconocer su cuerpo.
Señaló que cuando comenzaron las actividades por el mundial de 1978, "pido la protección del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (Acnur), y me voy a la curia de San Pablo en Brasil donde estaban las oficinas" del organismo internacional.
Recordó que en una oportunidad, el obispo de esa curia, Evaristo Ars, con quien se reunían refugiados de otros países latinoamericanos "dijo en un momento que le acababa de mandar una nota el arzobispo Primatesta, pidiéndole que se `deshaga´ de nosotros y que deje de albergar subversivos en la curia y que no permitiera que en ese lugar funcionara el Acnur".
La testigo señaló que Ars les había aclarado que ese "mensaje era para los argentinos que estábamos ahí y que Primatesta le envió una lista de personas buscadas para ver si estaban en ese lugar y Ars nos recomendó que si alguno quería volver a
Posteriormente declaró el ex preso político, Carlos Alfredo de
Señaló que cuando lo atraparon "me llevan al D2. Ahí estaba sentado; me golpeaban y en uno de ellos me quiebran el esternón, creo que fue así, porque nunca me revisaron".
De
Indicó que para ese entonces "sabíamos de los crímenes de presos por la ley de fuga y de los arrojados al dique San Roque, por eso no me quedo a esperar cuando los policías vinieron a la fábrica".
"La tortura en el D2 era constante. Durante mi estada en el cuartito escuchaba los gritos de diferentes presos cuando los torturaban. Recuerdo una violación prácticamente masiva de una de las presas, donde participan simultáneamente 6 o 7 policías".
"Yo escuchaba lo que le pedían que esta mujer hiciera y lo que le hacían, todo lo escuchaba con bochorno", añadió.
De
Relató que entre los que lo torturaron "se destacaba el sargento `Gato´ (apodo de Miguel Angel Gómez, uno de los imputados) por su ensañamiento y por su morbosidad, lo hacia cantando, recuerdo, el tango que decía: De cada amor que tuve tengo heridas, heridas que no cierran y sangran todavía. Yo estaba permanentemente vendado, pero lo reconocí por la voz".
Relató que posteriormente fue llevado a los centros clandestinos de detención Campo
Recordó que en esa oportunidad "mi defensor (designado por los militares) me entrevista con un soldado que me apuntaba con un FAL y me pedía que me hiciera cargo de mi acusación, estaba atado con alambres y cuando me condenan me indica que firme la apelación y me reducen la pena que me habían dado de 25 años a 20".
Añadió que por otra parte se lo estaba juzgando en los tribunales federales de Córdoba por el delito de asociación ilícita, donde es asistido por el defensor oficial Luis Molina que "era una persona indecente, a mi mujer intentó seducirla y obtener una buena defensa consistía en los favores sexuales que le podían brindar las mujeres de los presos".
Concluido el testimonio, el tribunal decidió pasar a un cuarto intermedio hasta hoy a las 9.30 horas, para continuar receptando nuevos testimonios.