Testigo reconoció al Gato Gómez
El ex preso político, Oscar Samamé, indentificó ayer al imputado Miguel Angel "El Gato" Gómez, como una de las personas que lo interrogó cuando estaba detenido en el Departamento de Informaciones de la policía provincial D2 en 1976.
Samamé declaró en el marco de la audiencia 37, del juicio que se lleva adelante en el Tribunal Oral Federal número 1 (TOF1) a los represores Jorge Rafael Videla y Luciano Benjamím Menéndez junto a otros 29 acusados de cometer delitos de lesa humanidad durante la última dictadura militar.
El testigo recordó que fue detenido en su vivienda en la tarde el 11 de noviembre de 1976 por "gente de civil, que después dijeron que eran de informaciones" de la policía. "Entraron al comedor, se comieron el aperitivo que estaba servido y comenzaron a revisar todo".
Posteriormente "fui llevado en un automóvil Peugeot 404 al D2, donde estuve cerca de una semana y después nos llevaron al (centro clandestino de detención) Campo
Recordó que cuando estuvo en el D2, "me tuvieron todo el tiempo vendado y esposado, me tiraban la barba y me golpeaban, después me llevan a una oficina, para interrogarme, me levantan la venda (de los ojos) y veo a Gómez que me impresionó la mirada, era una mirada diabólica, era una mirada muy fácil de reconocer y ellos tenían preparado el escrito que tenía que firmar".
Samamé precisó que cuando estuvo detenido en el Departamento de Informaciones "se produce un hecho donde un detenido, que después supe era Luis Urquiza (otra de la víctimas de la denominada causa Gontero que forma parte de la `Videla´), que le pegan un tiro y decían que se había querido fugar".
Recordó que el fallecido Oscar Francisco Gontero "le había contado (a un militar) que Urquiza le había querido arrebatar la pistola y este le dice: lo hubieras matado. Ese día en
El testigo señaló que cuando fue al baño "ví que Urquiza estaba herido porque lo tiraron ahí y lo ví, Gontero dijo que le había querido arrebatar la pistola".
Samamé indicó que cuando fue detenido "nunca me mostraron ninguna orden de allanamiento" y después "me dicen que estaba detenido por asociación ilícita y que estaba a disposición del Poder Eejecutivo Nacional".
Recordó que después cuando estaba en
El testigo señaló que en oportunidad de presentarse ante el tribunal militar, "en la cuarta brigada ví al doctor Alejandro Zeverín (abogado del fuero local), y vi que era un asiduo concurrente al lugar porque andaba de traje y también vi a Menéndez que andaba en un Falcon verde en la sede del tercer cuerpo y andaba con un coronel".
Posteriormente brindó su testimonio el ex policía, Carlos Cristóbal Arnau Zúñiga, quien recordó que fue detenido en la casa de sus padres en 12 de noviembre de 1976, "por personal del Comando Radioeléctrico que hacía procedimientos antisubversivos. Siempre era la misma gente, que estaban en contacto con el departamento de informaciones de la policía".
"Me pusieron un arma en la cabeza en el piso del comedor de la vivienda de mis padres, y después me metieron en el baúl de un Torino y me llevaron al (Departamento de Informaciones de la policía) D2 donde estuve detenido y fui torturado".
Declaró que en esa oportunidad lo sometieron a "golpes, me quemaron con cigarrillos los testículos porque al haber sido operado de fímosis pensaban que era judío, me hicieron el submarino y también me llevaron al altillo de
Arnau Zúñiga detalló que prestaba servicios en la sección canes de la policía provincial y que lo detuvieron "por ser estudiante universitario (de sicología), que en esos momentos era peligroso porque en la universidad había infiltrados de inteligencia del ejército y de la policía, que decía si uno era zurdo".
"Se comentaba que en el curso que hice para ser agente de la policía, se decía que habían entrado 6 zurdos en el año 73 y uno de los sindicados como zurdos era yo".
Relató que una noche, mientras estaba en el D2, "escuché un balazo de un arma calibre 45 y sentí el grito de (Luis) Urquiza que pedía auxilio y lo llamaba a (Carlos) Yanicelli", otro de los imputados al que consideró que "dueño de la vida" en esa dependencia, y "sentí que le decían: calláte o el próximo (disparo) va a la cabeza".
Posteriormente "fuimos trasladados a campo