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En el primer discurso de una presidenta argentina en ese organismo, del que participan 192 estados miembros, Cristina Fernández de Kirchner habló durante 15 minutos y repasó los temas de la agenda internacional: Derechos Humanos, Malvinas, atentados contra la embajada y la AMIA, y el pedido de reformulación de los organismos multilaterales.
La mandataria reivindicó la intervención del Estado en la economía y señaló que la crisis financiera de Estados Unidos es "una oportunidad histórica para revisar comportamientos y políticas" reafirmando que en este sentido Argentina llevó a cabo una estrategia correcta desde 2003.
Aprovechó la oportunidad para equiparar cargas en las responsabilidades de las crisis económicas que antes recaían denotadamente en los estados emergentes hacia el centro, tales como el "efecto tequila”, “caipirinha” o “arroz”. Sucede que ahora ocurre todo lo contrario, por eso la mandataria propuso ponerle como nombre a esta crisis: “el efecto jazz” que va desde el centro de la primera economía y se expande a todo el mundo.
En su discurso, seguido de cerca por el ex presidente Nestro Kirchner quien la acompañó a este plenario, la jefa de estado hizo también un nuevo llamamiento al Reino Unido para negociar en paz y la soberanía de las Islas Malvinas y realizó un fuerte reclamo a Irán para que los ciudadanos de ese país involucrados en el atentado contra la AMIA puedan ser juzgados en Argentina en un proceso público y transparente.
Los párrafos más salientes del discurso de Cristina -que habló luego de los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva; Estados Unidos, George W. Bush; y Francia, Nicolas Sarkozy, entre otros- rondaron sobre la crisis financiera internacional y la asistencia por 700 mil millones de dólares que el gobierno de EE.UU. propuso para hacer frente a la crisis señalando que a los países de América del Sur durante la vigencia del Consenso de Washington siempre se les dijo que el mercado todo lo solucionaba y que el Estado no era necesario y sin embargo ahora "se produce la intervención estatal más formidable de la que se tenga memoria agravado por un fenomenal déficit fiscal y comercial".
En este sentido la mandataria agregó que "concibe al Estado como un articulado entre los intereses de la sociedad y del mercado" y consideró imprescindible una revisión, con mucho ejercicio de humildad intelectual de lo que está pasando en los mercados y cuáles son las soluciones. Irónicamente recalcó que la gran ventaja de Estados Unidos, con la que "no contamos los países emergentes, es que no vendrá una calificadora de riesgo ni el FMI a decir lo que tiene que hacer este gran país".
Tal como lo hizo ayer, la Presidenta volvió a reiterar los conceptos en cuanto a la concepción de la economía, el capitalismo y la reformulación de organismos como Naciones Unidas y también de crédito, para recuperar la multilateralidad tal como lo pudieron concretar los países de América del Sur en el UNASUR, lugar donde se resolvieron conflictos políticos en situaciones críticas de estos países, como el que vivió Bolivia. En este contexto agregó que "no es un discurso de ocasión, sino una profunda convicción y una construcción política objetiva que tiene resultados en los países que se nombran como emergentes".
Finalmente, al dirigirse a los hombres y mujeres gobernantes de los países miembros de la ONU, la mandataria abogó por una "transformación de la política a nivel internacional" y pidió "revisar comportamientos y paradigmas, y aceptar con humildad que es necesario construir un mundo diferente al que hemos tenido hasta ahora".