Justicia, Política e Iglesia cómplices de la dictadura
Como prueba acercó al tribunal presidido por Jaime Díaz Gavier una resolución del juez Adolfo Zamboni Ledesma del 20 de agosto de 1976 en la que rechaza un Habeas Corpus presentado por su padre por la desaparición de su hermano Juan Antonio porque según el magistrado no tenía competencia para actuar porque se trataba de un preso a disposición del área 311 que comandaba Menéndez.
Asimismo recordó que durante su detención en la Unidad Penitenciaria 1 (UP1), como se denominaba la cárcel en aquellos años, realizó dos denuncias. La primera ante Valdez, el escribiente del Juzgado Federal 1 a cargo de Zamboni Ledesma, por las torturas que había recibido en la Dirección de Informaciones de la Policía, la temible D2, que le produjeron la pérdida de uno de sus testículos. La segunda fue por las torturas que recibía en la UP1 aunque esta última el escribiente no se la quiso aceptar porque “tenía miedo”.
Al poco tiempo le comunicaron que el ex juez Zamboni Ledesma había absuelto a todo el departamento de informaciones argumentando en su resolución que con el paso de los años había ingresado mucho personal a esta dependencia y esta cuestión le imposibilitaba poder determinar quienes fueron los responsables de los hechos denunciados.
Dos semanas antes de que mataran Miguel Hugo Vaca Narvaja a fines de julio de 1976, Cannizzo se entrevistó en la cárcel con el entonces Secretario del TOF1, Carlos Ottero Álvarez a quien le solicitó en forma reiterada que citara al Dr. Vaca Narvaja por las amenazas de muerte que recibía continuamente en su celda. Ottero Álvarez le respondió que no tenía ninguna competencia para hacerlo porque estaba a disposición del Poder Ejecutivo Nacional (PEN) por lo que Cannizzo le pidió entonces que fuera a tomarle la denuncia al pabellón. La respuesta del representante de la justicia federal siguió siendo negativa. Por último y con la misma suerte Cannizzo intentó plantear un Habeas Corpus en forma oral.
El 12 de agosto de
Todo estos hechos fueron reflejados por las revista Caras y Caretas en 1982 en donde se tomaron los casos del Dr. Vaca Narvaja, Balustra y Rossetti con el nombre de los militares involucrados pero Cannizzo dijo que ningún juzgado intervino y presentó las fotocopias de aquella edición para que se incorporen a la causa.
Por otra parte, también recordó que Mackinon, el cura enviado por Monseñor Primatesta, les decía a los presos que no había ido a la cárcel a escuchar denuncias y el sostén espiritual que les prestaba se asemejaba a un interrogatorio.
En 1982 cuando ya había recuperado su libertad, Cannizzo se entrevistó con Eduardo César Angeloz para que lo ayudara con la desaparición de su hermano Juan Antonio. “Fui a verlo a una oficina frente al pasaje Santo Domingo y le plantee las actuaciones de Adolfo Zamboni Ledesma y el me dijo no puede ser, el es un gran amigo mío, no puede ser. Yo ya estaba acostumbrado a este tipo de respuestas” dijo.
En su extenso y detallado relato que se caracterizó por su excelente memoria y coherencia discursiva, también describió hechos relacionados a las muertes de Diana Fidelman, Eduardo Daniel Bartoli, Pablo Alberto Balustra, Florencio Díaz y el asesinato de Raúl “Paco” Bauducco en el patio de la cárcel de San Martín.
El Sátiro del zapato
Por primera vez en lo que va del juicio en Córdoba un testigo pudo identificar al tan mencionado “Sátiro del Zapato”. Se trata de Carlos Ibar Pérez, el cabo de la guardia del teniente Gustavo Adolfo Alsina que tenía como manía tomar un zapato y moler a golpes a los presos políticos. Este es el mismo cabo al que llamaban “Jaime Kloner” por su costumbre de impostar la voz para que no lo reconocieran.
Este cabo, fue el que precisamente golpeó con un zapato a Fermín Rivera, (otro de los sobrevivientes de la cárcel), con tanta saña que producto de los zapatazos que le dió en la cabeza lo dejó hemipléjico.
Manuel Cannizzo fue detenido junto a su hermana María Teresa el 25 de marzo de 1976, un día después del golpe militar en la casa de sus padres. Tenía dieciocho años y era dirigente de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES).
Primero lo trasladaron a la Dirección de Informaciones de la Policía en el Pasaje Santa Catalina donde fue torturado con salvajismo. Le pegaron patadas y palos en los testículos mientras le realizaban “el submarino”. El 2 de abril lo llevaron a la UP1 donde permaneció hasta 1979 para ser trasladado primero a Sierra Chica y después a la cárcel de Caseros.