Otra Historia de Horror
Emocionada describió como “un cuadro terrorífico” típico de “una serie de combate de las películas” el día que a comienzos de abril ingresaron militares uniformados y armados al pabellón para realizar una requisa general cuando se encontraban los hijos de las presas políticas. Su hija tenía once meses de edad y en ese momento gateaba al final del pabellón.
“Cuando entran la desesperación se apodera de mi porque mi hija quedó en el fondo y estaba toda esta gente armada, ella quería avanzar, los chicos empezaron a gritar porque el cuadro era muy terrorífico, solo en las series de combate podías ver algo similar” dijo.
"No se como llego mi hija a mis brazos, a mi no me dejaban pasar, se abrazo a mi cuello con una desesperación, gritaba y lloraba con una desesperación que creo que nunca lo vamos a olvidar, los obligamos a despegarse de nosotras porque nos hicieron dejar la celda” dijo llorando Quiroga.
Y agregó: “Paula (su hija) con sus once meses vivió y olio el miedo, vio como le pegaban a su mama, como le pegaban a todas las mujeres allí, a sus tías, hoy tiene 35 años y no ha podido superar esta situación”.
Luego de haber sido detenida Marta fue salvajemente torturada en la D2. Durante una de estas sesiones, mientras era ahogada en un tacho de agua empezó a tirar patadas por lo que uno de los policías se le paró sobre su tobillo ocasionándole una grave lesión en uno de sus pies.
Al llegar a la Penitenciaria de San martín, el médico de la enfermería de apellido Balmaseda decidió ponerle una bota de yeso para inmovilizarle el pié y así evitar las torturas diarias de los militares.
“Pero ellos encontraron otros ejercicios, flexiones de ojos con una pistola en la cabeza, de dedos que me los golpeaban para que lo hicieran mas fuerte y lagartijas a partir de las rodillas” relató Marta.
Y como era motivo de golpes y torturas solicitar ir a la enfermería no volvió a pedir que le sacaran esta bota de yeso ni el médico la mandó a llamar para hacerlo. La bota la tuvo durante meses hasta antes de ser trasladada a Devoto producto de lo cuál su pié quedó “prácticamente muerto, inmóvil” dejándole secuelas de por vida.
Al poder salir del país en noviembre de 1979, Marta se erradicó en Suecia donde a pesar de recibir tratamientos adecuados para su pié no pudo recuperarlo debido a que tenía un nervio atrofiado. Hoy su pié izquierdo es diez centímetros más corto, es laxo y sin fuerza.
Las condiciones en la UP1
Marta recordó que después del golpe los militares sacaban a las presas políticas una o dos veces al día durante treinta segundos y cada una debía elegir entre orinar, bañarse o defecar.
En su caso, pasaban los días y no podía realizar sus necesidades y entonces optó por comenzar a introducirse los dedos para ayudarse lo que le ocasionó lastimaduras. En el caso de los que orinaban o defecaban en su celda las represalias era lamer sus propias necesidades.
“Durante el día no todos podían contenerse y se orinaban o defecaban en las celdas y eso era motivo para que te hicieran lamer lo que hacías, cortarte el pelo o denigrante. Se ensañaban mucho porque éramos mujeres” dijo.
En este sentido sostuvo que cuando los militares les encontraban sus ropas interiores les decían que no la podían tener porque no eran mujeres, las únicas eran sus esposas o parejas. Por los nervios, Marta dijo que muchas mujeres menstruaban y esto era motivo de un castigo con un alto grado de perversión.
Militares en la cárcel
Marta identifico a Gustavo Adolfo Alsina, Enrique Pedro Mones Ruiz y al Cabo Pérez como los principales responsables de los pabellones y como quienes les aplicaban golpes y torturas a los presos.
Recordó también los casos de Marta Rosetti de Arquila, Mirta Abddon de Maggi, Barberis, Liliana Páez y Diana Fidelman que fueron sacadas de la cárcel y luego aparecieron asesinadas en fraguados intentos de fuga.
Los estaqueamientos de Muñoz y Moukarzel
Marta también pudo ser testigo de los estaqueamientos de Rosario Miguel “Charo” Muñoz y René Moukarzel en el patio de la cárcel ya que su celda se encontraba a tres metros de donde sucedieron.
“Se enseñaron mucho con Rosario Miguel Muñoz” dijo y recordó también que Moukarzel repitió en voz alta durante todo el tiempo que pudo, "Soy René Moukarzel” mientras era torturado durante largas horas.
Marta del Valle Quiroga fue detenida junto a su esposo José María el 13 Octubre de 1975 en el barrio de Nueva Italia, estaba con su suegra, una abuelita y su hija de cinco meses cuando ingresó una patota en la que pudo identificar a Mirta “la cuca” Anton.
Fue trasladada a la Dirección de Informaciones de la D2 donde la manosearon, la torturaron y la amenazaron con que le iban a traer los dedos de su hija en una caja. Al cabo de una semana fue trasladada a la Unidad Penitenciara 1 como se conocía a la cárcel de San martín donde permaneció hasta octubre de 1976 cuando fue trasladada a la cárcel de Devoto y en noviembre de 1979 obtuvo la opción para salir del país y se erradicó en Suecia donde reside actualmente junto a su marido y su hija.