El Cuco de la Cuca
Hasta nuestra generación, de los que casi peinamos canas, nacimos oyendo hablar del cuco, y lo que entra de niño queda grabado para siempre y ya estamos viejos para salir ahora, al cabo de los años llamando al cuco, un personaje de capricho o fantasía, creado por el candor infantil y la marrullería de las viejas.
Pero ni siquiera el cuco se hubiera imaginado que en Córdoba su femenino, la cuca, pudiera impartir mucho mas miedo y horror, en niños y en adultos, con sus acciones que solo caben en una mente enferma que hasta el cuco se hubiera espantado. Pero no sólo sus actos causaron horror, años después la cuca frente a sus víctimas revivió el terror psicológico traducido en palabras obscenas que lastiman mucho más que la peor de sus torturas.
Mirtha Graciela “la Cuca” Antón era una de las más salvajes torturadoras de la Dirección de Informaciones de la Policía de Córdoba durante la dictadura militar, la temible D2, es más, era conocida por darle el tiro de gracia a los secuestrados ilegalmente luego de haber sido torturados y su manía en estas salvajes sesiones era “picanearle” los testículos a los hombres y retorcerle los pezones a las mujeres.
Durante la jornada número veintiséis del juicio contra Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamín Menéndez y otros 29 represores entre los que se encuentra Antón, antes de comenzar con las declaraciones del testigo número cuarenta y seis la Cuca volvió a impartir el miedo frente a sus víctimas, esta vez desde el banquillo de los acusados.
“Los testigos mienten sobrada y descaradamente. Nos reconocen en butacas casi numeradas. El testigo Roberto Eduardo Díaz, cuando fue detenido, huía procurando sortear una medianera para eludir un procedimiento para descubrir el secuestro del empresario de la Coca Cola en una cárcel del pueblo” dijo la Cuca justificando el accionar de la fuerzas represivas.
Y por primera vez la Cuca cambió su táctica para asustar y se victimizó comparando sus días en la prisión, con todos sus derechos garantizados, con los días oscuros que los presos políticos e ilegales debieron pasar en la D2 y en la Cárcel de San Martín con sesiones de torturas, asesinatos, sin alimentos, baño ni contacto con el mundo exterior.
“Cuando hablan de la cárcel me siento identificada. El servicio medico y la alimentación no cambio nada. Quizás dentro de 34 años mis hijos o mis nietos puedan venir acá a pedir justicia y recibir una indemnización por los daños”.
Y fue mas allá, quien hizo gala de la inseguridad y de violentar sistemáticamente la Constitución Nacional pidió por seguridad.
“Solicito seguridad para mi familia” dijo ante la indignación de familiares y víctimas de su saña y su psicosis, aquella que cuando a Enrique Asbert lo torturaron casi hasta matarlo con picanas en los testículos, al ver su estado la Cuca sentenció; “Este no coje más”.
Finalizando su alocución, casi como practicando un nuevo método para asustar dijo “soy inocente de todos los cargos de que se me acusan”.
Por cierto su marido no era el Cuco, era otro policía de la D2 que un día apareció sospechosamente asesinado en su propia casa y la “Cuca” fue señalada como la principal sospechosa.
En nuestro presente, el Cuco ya no tiene vigencia y las nuevas generaciones, tratando de averiguar de qué se trataba este personaje de nuestras anécdotas, dicen en foros por Internet que es sólo una leyenda urbana. Y mientras intentan conocer quien era el Cuco van conociendo a la Cuca, y a través de ella, la historia de sangre, horror y destrucción que una generación intentó revertir.