Reconocen a miembros de la Triple A

19/08/2010
Nacionales - Juicios que Cambiarán el País
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La primera nieta recuperada identificó a Aníbal Gordon, al hijo de éste y a Raúl Gugielminetti, como Alianza Anticomunista y aseguró que participaban de los asados semanales que organizaba su apropiador

La primera nieta recuperada, Carla Graciela Rutila Artés, identificó en forma positiva a Aníbal Gordon y al hijo de éste, al fallecido general Otto Paladino y a Raúl Gugielminetti, entre otros, como miembros de la Triple A y como asistentes "semanales" a los asados que organizaba en la casa su apropiador Eduardo Ruffo, también integrante de la "banda".

La identificación la hizo mediante una ronda fotográfica, exhibida tras la declaración que prestara ante el tribunal Oral Número 1 que lleva a delante el juicio por el centro ilegal de detención Automotores Orletti.

Carla Rutila Artés ofreció una conferencia de prensa en la sede las Abuelas de la Plaza de Mayo donde dijo que "Aníbal Gordon y su hijo, Leonardo Save, Otto Paladino y Enciso" pasaron por la casa de Ruffo, ubicada en Soler y Billinghurst, en esta capital.

Carla reconoció que los encuentros se hacían "muy frecuentemente. Una vez por semana se hacía un asado; fijo. En ese asado se veían, pues, armas, se veían bastantes cosas".

La primera nieta recuperada, que llegó a declarar al país luego de 23 años, aseguró no tener "ninguna duda" cuando se le consultó si en las reuniones se planificaban los delitos.

"Si no, para qué se reunían. Si fueran una pandilla de amigos, no tendrían por qué llevar armas. Tampoco tendría que haber sido una cuestión tan tapada, tan clasdestina", subrayó Carla, quien vive en España con su abuela y sus tres hijos.

La nieta recuperada también sugirió que los miembros de la Triple A que se reunían en la casa del apropiador en forma semanal, podrían haber sido piratas del asfalto.

"Las cosas que arrebataban las tenían en bolsas de basura gigantes. A los niños (por ella y otros hijos de represores) siempre nos decían que no se podía tocar eso. A lo mejor podían estar un par de días en casa, luego se lo llevaban. Pero a los dos días aparecían nuevas cosas", precisó en la conferencia de prensa junto a Estela de Carlotto, a otras abuelas y a varios nietos recuperados.

Carla contó que en el tribunal dijo "haber visto un arsenal de armas en casa (de Ruffo), haber visto muchísimo dinero, inclusive cosas robadas de algunos operativos a los camioneros. En ese momento asaltaban camiones y se llevaban el material. El material pasaba por casa".

La nieta regresó al país y fue a declarar al juicio donde estaba Ruffo sentado en diagonal frente a ella, a quien "le sostenía la mirada y él era incapaz de mirarme -puntualizó-. Para mí, eso fue una reparación".

El testimonio ante el tribunal de la nieta fue importante, de acuerdo con lo que señalaron colaboradores de las Abuelas.

"Según me han contado, mi rueda de reconocimiento de fotos fue bastante acertada, con lo cual quiere decir que acerté los nombres y de las que no conocía el nombre me acordaba de los nombres de los hijos. Fue una forma de lograr credibilidad", subrayó.

Carla dijo que una vez en Buenos Aires le pasó "algo curioso. Paseando con mi tío, íbamos en un taxi y pasamos por una plaza y le dije al taxista `¿Esta es la calle Anchorena?`. Entonces, me contesta que `sí`. Y yo le digo a mi tío, `a esta plaza venía cuando yo era chiquita. Tenía tres años cuando venía`", recuerda Carla.

La memoria de la nieta recuperada parece ser prodigiosa, porque asegura que se acuerda del rostro de la persona que la separó de su madre.

"La mente humana -agrega- es impresionante. Tengo recuerdo desde los seis meses. Yo sé quién me separó de mi madre. Porque tengo la cara grabada. En el reconocimiento de fotos que hice lo busqué como una desesperada, pero no estaba", dijo con cierta desazón.

La primera recuperada dio otra sorpresa al relatar cómo fue la vida de los Ruffo y de ella cuando comenzaron a buscar al apropiador.

"Durante los dos años en que estuvimos prófugos éramos itinerantes. Tres meses en un lado, tres en otro. Hubo una pelea entre las policías. Cuando unos querían cazarlo, los otros no. Entraban en discusiones y cuando sabían ésto, a los tres meses se cambiaban de casa", añadió Carla en un marcado acento español.

La nieta agradeció al pueblo argentino la posibilidad de dar testimonio contra su apropiador y abusador, "ya que el haber declarado, de por sí me ha quitado un peso de encima. Eso ha sido una liberación psicológica bastante grande".

Carla Rutila Artés manifestó la esperanza de que "este barco llegue a buen puerto y haya una condena dura".

Por otra parte, Carla contó que cuando vio por primera vez a su abuela ésta le dijo: "`Soy tu abuela y hace nueve años que te busco`. Abrió sus brazos y yo no hice otra cosa que acurrucarme y ahí quedamos como cinco o diez minutos".

El abrazo con la abuela ocurrió el 25 de agosto de 1985 en la oficina del juez que facilitó el encuentro, día que quedará en la historia como la jornada en que se devolvió la identidad a la primera nieta recuperada de la larga lista de niños y bebés apropiados por los represores durante la última dictadura.

Carla asegura que "el encuentro con mi abuela fue bastante esperado, porque mi abuela apareció con una foto en los diarios y yo me reconozco en la foto y le pregunto a Ruffo que hace esa señora con mi foto".

"Aparte de darme una paliza, me dijo que era `una vieja bruja que me estaba buscando para sacarme sangre`", recordó Carla.

Ruffo y su esposa Amanda se apropiaron de Carla y mantuvieron oculta su identidad hasta los 10 años, cuando la acción de la abuela y de la organización consiguieron recuperarla para su familia.

"Después de esto, mi abuela aparece en un afiche que hizo Abuelas de los buscados en el que aparece Ruffo, de Amanda y la foto mía", prosiguió Carla.

La nieta agrega que "esto lo vi yo en el periódico clandestinamente, porque no me dejaban leer nada y ya daba la certeza que esa niña podía ser yo".

La nieta recuperada asegura que la última vez que vio a Rufo siendo niña, el represor y apropiador le volvió a repetir: "no te dejes sacar sangre por la vieja bruja".

"Mi abuela dijo que si se cruzaba con Ruffo por la calle `le quito la piel a tiritas, vivo`. Yo creo que hice lo mismo a través de la mirada. No dejé de mirarlo (en el tribunal) y él fue incapaz de mirarme".