La complicidad de la Justicia Federal con la Dictadura
Fermín Rivera fue secuestrado en 1974 y obtuvo la libertad el 30 de noviembre de 1983, diez días antes del regreso de la democracia. Pasó por una decena de centros clandestinos de detención, fue torturado hasta quedar hemipléjico y durante su declaración demostró que la Justicia Federal de Córdoba le fue funcional a la dictadura militar.
En 1976 a los dos años de permanecer detenido, Fermín Rivera que había sido detenido en Villa María, es entrevistado por el Defensor Oficial de la Justicia Federal Guillermo Rius, lo que en principio consideró que era una salvación al poder denunciar las torturas que estaba padeciendo.
A continuación ingresó el ex juez federal de Bell Ville Eduardo Vázquez Cuestas, un secretario y el escribiente junto a otras personas y le dijeron que le iban a tomar una declaración indagatoria porque había un imputado que lo mencionaba en la causa que tenían en su contra por la toma a la Fábrica Militar de Pólvoras y Explosivos de Villa María.
Ante la insistencia de Rivera por relatar lo que sucedía Rius lo interrumpió para decirle que las condiciones de los presos dependían del III Cuerpo del Ejército y lo único que podían hacer era notificar a los militares que los estaba denunciando.
Luego hicieron pasar al testigo que supuestamente lo mencionaba para realizar un careo. Se trataba de Raimundo “Charlie” Moore, un militante del PRT que tras ser detenido junto a su esposa terminó colaborando en las torturas que realizaba la salvaje Dirección de Inteligencia de la Provincia de Córdoba (D2) en el Cabildo de la ciudad.
Moore ingresó a la sala sin esposas junto al torturador de la D2 Miguel Ángel “el gato” Gómez. Moore le dijo “no te hagas el pelotudo porque no vale la pena que no te hagas cargo de tu participación en la toma de la fábrica de explosivos de Villa María porque yo ya lo conté todo con lujo de detalles” y le tiró una amenaza: “Al gato no se le resiste nadie”.
Vázquez Cuestas le preguntó si lo conocía y Rivera dijo que no por lo que resolvió no hacer el caro. Se lo llevaron y lo devolvieron a su pabellón.
Más tarde cuando Rivera es trasladado a la cárcel de Caseros se entrevistó con otro juez federal al que intentó relatarle todo lo que había pasado en Córdoba pero no tuvo respuesta. En Abril de 1976 se entrevistó con un Juez Penal de Olavarría que quería constatar si las lesiones que tenía se habían producido en Sierra Chica donde acababa de llegar. Allí aprovechó para relatarle lo que sucedía en la UP1, los asesinatos de Raúl Eduardo Bauducco, René Moukarzel y los traslados de presos que terminaban en simulacros de intento de fuga. Al terminar la entrevista el juez le hizo firmar el acta donde sólo figuraba que las lesiones que tenía no se habían producido en Sierra Chica.
En 1977, estando hemipléjico en la cárcel de Sierra Chica fue llevado a la Oficina de Judiciales donde se entrevistó nuevamente con Rius a quien le dio información precisando nombres de los militares responsables y fechas de lo que había sucedido en la cárcel de San Martín. Ruis le dijo que solo podía poner en conocimiento del tribunal lo que le había relatado. “Era la segunda vez que se lo decía” dijo Rivera.
En 1978 es trasladado nuevamente a la UP1 y de ahí en baúl hasta La Perla desde donde fue llevado a una chacra cercana en la que había un gran despliegue de personal militar. Allí estaba nuevamente el Dr. Vázquez Cuestas junto a Ruis. Ocurrió el 4 de Abril de 1978.
Lo llevaron a la parte trasera de esta chacra donde había un pozo abierto y en el fondo envuelto entre hilachas de frazadas se veían dos esqueletos envueltos. El Dr. Vázquez Cuestas le preguntó si los podía identificar porque se trataba de dos personas que habían participado en la toma de la fábrica de explosivos de Villa Maria a lo que Rivera respondió que no porque él no había participado y que además eran esqueletos, eran huesos nada más.
Tras esto fue atado, vendado fuertemente y colocado otra vez en el baúl de un auto en el que realizó un largo viaje. Al detenerse el vehículo lo bajaron en los tribunales federales de Bell Ville donde estaba Vázquez Cuestas que nuevamente quería tomarle una declaración.
Estando solo en un cuarto ingresó una persona que él conocía de la militancia como Berto quien le dijo que era astrónomo y que su apellido era Moyano. Le pidió que colaborara con el ex juez federal haciendo una declaración de lo que había pasado dentro de la fábrica de pólvora y explosivos de Villa María porque era una causa monstruo y tenía muchos imputados pero todos negaban su participación. Rivera se negó porque de esta forma estaba poniendo en riesgo su vida.
Luego ingresó Vázquez Cuestas y le preguntó si estaba dispuesto a decirle cual había sido su participación en la toma de la fábrica de explosivos de Villa María ya que Moyano no podía aparecer en el expediente porque se había transformado en un “colaborador inmediato del batallón 141”. Rivera por enésima vez negó su participación en este hecho.
Cada vez que Rivera se entrevistaba con Vázquez Cuestas y denunciaba lo que sucedía sufría traslados a distintos centros de detención y se recrudecía la tortura que los militares le aplicaban, tanto es así que luego de una de sus denuncias le aplicaron una “paliza” en su celda que lo dejó hemipléjico.
“Después de la primera entrevista con Vázquez Cuestas en Sierra Chica me trasladaron al un pabellón calificado como irrecuperable. Después de la segunda vez que hablo con él me llevaron a La Perla, el Campo La Ribera, a Bell Ville y a Rio Tercero, estaba decepcionado” sostuvo Rivera.
“Lo único que tuve con este juez fueron consecuencias negativas hacia mi persona y hacia mi familia que sufrió una persecución terrible desde antes del golpe” agregó.
En Junio de 1975 detuvieron a su cuñado Víctor Patat y unos días después detuvieron a su mujer que fue trasladada a La Perla donde fue torturada, violada y le hicieron presenciar la muerte de su hermano. Después fue liberada desnuda en el parque sarmiento. Desde aquél día hasta la actualidad permanece internada en instituciones psiquiátricas. “Nunca se pudo recuperar” sostuvo con pesar Rivera.
Además su casa materna fue allanada en innumerables oportunidades ocasiones en las que los militares golpearon a su madre y a su hermano mayor le realizaron un simulacro de fusilamiento amenazándolo luego con tirarlo al embudo.
Ya en 1983 estando detenido en la cárcel de Rawson realizó una denuncia ante el juez Garzonio cuando le tomó declaración a raíz de una revuelta carcelaria por la que había quedado castigado junto a otros detenidos
Luego de unos días de haber ocurrido esto Rivera fue trasladado al juzgado federal de Rawson donde le dijeron que le iban a recibir la denuncia que le había hecho al juez. Lo hicieron esperar en los pasillos de tribunales todo el día y a última hora lo hicieron pasar y le dijeron que fuera breve porque ya era tarde.
Allí realizó la denuncia que dio inicio a la causa por la que hoy se juzga a Jorge Rafael Videla, Luciano Benjamín Menéndez y a otros 23 represores. Aunque fue la primera vez que fue escuchado nuevamente tuvo que padecer consecuencias personales.
Nuevamente fue trasladado a la cárcel de San Martin. “Era otro planeta porque estaba Menéndez” afirmó Rivera.
Ya en la cárcel de San Martín de Córdoba, antes de que lo llevaran a hablar con el juez Becerra Ferrer por la denuncia que había realizado en Rawson le dijeron que tuviera cuidado con lo que iba a decir, que no lo nombrara a Vázquez Cuestas ni que mencionara los centros clandestinos de detención sino “iba a ser la denuncia de un muerto”. Ahí esperó junto a los militares que lo custodiaban hasta que ingresó el juez junto a Otero Álvarez.
En ese momento Rivera pensó en la consigna que se había impuesto junto a sus compañeros en la prisión, “sobrevivir”. Por eso se rectificó en sus dichos contra el juez Vázquez Cuestas cuando el juez le preguntó si ratificaba o rectificaba la denuncia.